La Ciudad de las Bibliotecas

Soñar es gratis. De vez en cuando, una lluvia de sueños cae a tu alrededor. Puedes hacer dos cosas: abrir el paraguas o dejarte calar por las idas de olla de unos cuantos y convertirlas en realidad.
Alguien soñó una vez con que en mi isla hubiera teatro por las calles, sólo unos pocos se dejaron empapar por aquel sueño que ahora inunda la ciudad cada mes de agosto. Hubo una vez un grupo de soñadores que dejaron caer su sueño de palabras radiofónicas en un desierto de ondas; los hay quienes soñaron con una plaza teñida de naranja para empezar la fiesta grande al son de una campana y, … ¡vaya! Lo lograron.
Las idas de olla pueden tener fruto con el tiempo … o no. Lo que viene a continuación es un torrente de sueños puedes dejarte empapar por ellos, puedes verlos caer a tu alrededor refugiado en tu paraguas de colores o puedes simplemente sonreír ante este brote de imaginación que creó mi mente en esta mañana de julio.

Pusieron a mi isla en el mapa. Un terrible hecho inició una corriente solidaria de entrega de libros. Abrieron el grifo de las publicaciones y a nosotros nos cayó un mar de letras. Somos, sin duda, afortunados. Así que me dio por soñar. Llenamos la bibliocaseta y aún nos sobran miles y miles de libros que nos han enviado o enviarán. Y pensé …. ¿Por qué no “Una ciudad de las bibliotecas”?
Imaginaos: que nuestra cajita preciosa y llena de palacios y monumentos se convierte en un lugar donde todo el mundo puede venir a depositar y a recoger libros. Que el aguaducho que nadie quiere gestionar en La Florida se convierte en un espacio donde reinan los libros, al lado de un maravilloso parque donde leer.
Que además de una bibliocaseta, el palacio cerrado y sin uso con balcón de Romeo y Julieta, se convierte en un “Bibliopalacio”, que pueda ser visitado repleto de libros.
Que, llegando a un acuerdo con los hosteleros y comerciantes, en todos los establecimientos hubiera un espacio para los libros y tú pudieras pedir “una cerveza y un Hemingway” o “Tenga café y de regalo un libro que puede llevarse o quedarlo aquí para próximos clientes o futuras visitas, como desee”.

¿Crees que nos podríamos poner todos de acuerdo para convertir este precioso lugar en la Ciudad de las Bibliotecas?

Y sigue mi sueño.
En todos los barrios habría una pequeña biblioteca. En los ultramarinos tendrían una estantería donde podrías recoger un libro a la vez que las naranjas. Habría un centro donde se podrían dejar los libros que quisieras, los que te sobran, los que ya has leído, los que ya no sabes dónde meter. En todos los monumentos visitables, encontrarías una pequeña estantería con libros. Y todo ello vendría acompañado por actividades relacionadas con la literatura. Ahora que conocemos a tanta gente y que tanta gente nos conoce, sería fácil que vinieran a presentar su libro o simplemente a hablar de sus publicaciones. Tendríamos una rincón de las letras, donde cada sábado, los autores que quisieran podrían presentar sus obras y habría recitales, lecturas dramatizadas y audiolibros en directo.

Una lluvia de sueños está cayendo a tu alrededor. ¿Te empapas conmigo?

Ilustración: Elsa Suarez Guirard
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