Cuento de invierno

Probablemente, hayas oído hablar alguna vez del bosque de Alicia. Alicia ¿Recuerdas? La del País de las Maravillas. Todo el mundo piensa que el viaje de Alicia fue casual, que perseguía a un conejo, cuando cayó por su madriguera y entró en un mundo, para ella, totalmente desconocido, mágico.
La mayor parte de las personas piensan que esa madriguera es única y que como la madriguera de Alicia, no hay otra igual. Pero… no, no, no, no, … esto no es del todo cierto.

A veces, en este mundo, encontramos madrigueras que nos conducen a mundos desconocidos, distintos… ¡fantásticos! Había una vez una niña que iba por un bosque de la mano de su mamá. Era verano, hacía calor, de repente decidieron detenerse debajo de un árbol. Aquel árbol era … preciosoooo . La niña decidió subirse a él. Y cuando puso el pie en el tronco… ¡increíble! En el árbol se abrió una puerta. ¡Tal y como lo oyes! La niña no lo dudó. Era muy, muy valiente. Entró y su mamá no tuvo otro remedio que ir tras ella.
Al principio todo estaba oscuro. Empezaron a sentir frío. Y cuando por fin volvió la luz, vieron que estaban en un bosque cubierto de nieve, soplaba el viento y todo parecía cubierto de hielo. ¡Qué frío!!! Y ellas en manga corta.
La mamá protegió a su niña como pudo. Entregándole todo el calor que podía darle. Pero no era suficiente. De repente, tres haditas mágicas aparecieron a su alrededor. Una de ellas les prestó unos abrigos calentitos. Otra unas botitas y calcetines para el camino. Y la tercera, un mapa y una linterna.

“El camino de vuelta a casa será duro”, dijo una de las pequeñas hadas, “pero no os preocupéis, no estáis solas. Nosotras os acompañaremos, seguid el mapa y todo será más fácil”.

“La casualidad os trajo hasta aquí. El verano se tornó en invierno y ahora debéis encontrar el camino a casa. Pero no os preocupéis, tenéis lo más importante”, explicó otra de las hadas.

“¿Qué es lo más importante?, preguntó la niña.

“Vuestro gran corazón y vuestro amor”, contestó la tercera hadita.
Y así, entre la nieve, con dificultad, caminaron durante varios días y varias noches. Siguieron la ruta. Las hadas les dieron comida y les indicaron los mejores lugares para cobijarse cuando tenían sueño. Poco a poco, lograron encontrar el punto de luz que les indicaba la puerta de retorno, ascendieron por el hueco del árbol y volvieron al verano, al calor. Pero nunca olvidaron todo lo que habían aprendido en aquel camino y sobre todo siempre recordaron que, siempre, siempre sale el sol.

(Este cuento está dedicado a la pequeña Bella)

Si quieres escuchar este cuento, haz click aquí:

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