¡En volandas!

¿Recuerdas la pluma que sobrevolaba el autobús escolar en “Forrest Gump”? Aquella pluma, vaporosa y sencilla, flotaba en el aire enlazando escenarios y viajando a través del tiempo, en sólo un abrir y cerrar de ojos. ¿La recuerdas?

Yo sí. Y muchas veces siento la ligereza de esa pluma que vuela en el tiempo, en ocasiones, mi vida es así.

Vivo tanto y tan deprisa que la cuarta pared del tiempo desaparece y apenas tengo segundos para respirar entre un momento y otro. Como ayer me dijo alguien a quien quiero, en tu vida la rutina no es posible y cada instante es diferente.

El tren va tan deprisa que no eres capaz de distinguir el paisaje, ya no es posible bajar la ventanilla, sacar la cabeza y disfrutar del aire o de los rayos de sol haciendo cosquillas en tu nariz. Sufro por ello, no sólo necesito vivir acontecimientos, ¡también quiero sentirlos!

A pesar de ello, intento disfrutarlo. Este ir y venir trae consigo un paquete de experiencias llenas de estrellas y puntos de luz que me dan la vida, hacen palpitar mi corazón, le dan alas.

Ahora que hago un hueco en las primeras horas de mi día, ahora que aún no estoy en marcha, que espero en mitad de la vía a que todo comience, ahora… ¡cierro los ojos y me fijo en los tuyos! ¡Creeme, conecto y sé que estás ahí! Que tú también estás a punto de partir y en este momento somos más que dos corazones alados. Escucho tu voz que me susurra: “vive y valora cada segundo, porque es el lugar al que nunca has de regresar. ¡Vive! ¡En volandas!”

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