¿TE PERDERÁS LA VIDA SÓLO POR MIEDO?

“Una vida más tarde comprenderemos lo que nos perdimos sólo por miedo”
(Giorgina Hassan)

Como todo lo bueno , el pensamiento comenzó en la radio. El programa sabatino contó una estupenda historia en torno al mundo de los espejos, explicando desde cómo los primeros vidrios para reflejarse eran utilizados en Egipto o China y ofrecían una imagen distorsionada y poco definida, hasta el museo de Murano, donde desde el siglo XIV se han dedicado al arte del vidrio, pasando por la información de que Francia es el mayor productor de vidrio pero la mayoría de los espejos en los que nos miramos proceden de China. También contaron en este programa que hay una empresa nacida en Ávila, donde se realizan vidrios inteligentes que generan su propia energía y cambian de color con ella. El estupendo reportaje incluso introducía a una de las locutoras en los espejos de los probadores de una tienda, dispuestos para vernos más o menos favorecedores.

La idea de los espejos ha deambulado en mi mente durante varias semanas. De pensamiento pasó a reflexión. Ahora ya no esperamos a que el espejo nos devuelva una imagen, decidimos por él. Su cristal nos devuelve la imagen que deseamos. El “postureo” que está tan de moda en las redes sociales es el espejo de nuestro tiempo. Y lo más inquietante no es ya que la imagen que queremos mostrar sea la que imaginamos sino que nos creamos que esa es nuestra imagen real.

Hace falta valor para ponerse delante de un espejo definido, que nos devuelva nuestro rostro lleno de arrugas y puntos negros. Hace falta coraje para enfrentarse a nuestra alma desnuda, sin artificios ni posturas que nos favorezcan, sin remiendos ni costuras que ofrezcan nuestro lado más perfecto. Es necesaria la valentía para observarnos con detenimiento, sin miedo, recortando nuestra imagen real con verdad y sinceridad.

Esta exposición a lo que realmente somos, esta apertura de mente y mirada a la luz de la realidad, es increíblemente precisa en este presente de mentira virtual y  post-verdad. Al enfrentarnos a lo que realmente somos, seremos capaces de cambiar aquello que no nos gusta, no sólo en apariencia, sino de manera certera y apropiada. Porque si no nos conocemos, si sólo variamos la imagen que ofrecemos, el peso del engaño no nos dejará desplegar las alas.

Hay que soltar lastre, para que el reflejo del alma sea la verdad que nos hará tocar el cielo.

Como todo lo bueno, el pensamiento comenzó en la radio.

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