DESPERTARES

La luz. La luz de los días previos a la partida ya vaticinaba la diferencia. Esa especial y anunciada satisfacción de la necesidad. Así era. Era necesario detenerse, bajar del mundo y andar por el firmamento. Nosotros no lo sabíamos pero estaba escrito en el aire.
Cerré la puerta y encontré la claridad.

Y ante tanta luz sólo pude comenzar a caminar.

Caminé por senderos de agua y encontré la paz al hacerlo. Rompí con la ansiedad y la desconfianza, en cada paso. Anduve y anduve por caminos donde el agua siempre estaba presente. Primero fueron espontáneos y efímeros aguaceros que mostraron lo imprevisible de la vida. Después surgieron los arroyos entre bellos y verdes bosques encantados donde formular un deseo era fácil, muestra de que la ilusión es vital para realizar cualquier trayecto desconocido. Luego vinieron los pequeños y grandes puentes trazados hace miles de años por los que nos precedieron, cargados de historia y de historias, cuyos ojos susurraban sin palabras nacimientos, despedidas, oficios, tratos y conversaciones vertidas ante el lento e imparable discurrir de las horas.

Le siguió la calidez sorprendente, las aguas caldas que todo lo cicatrizan, que sanan la desconfianza, el temor, el orgullo, la ofensa, las aguas que perdonan, enseñan y muestran que donde menos lo esperas… ¡todo es posible!

Tras la esperanza del nuevo día, llegó la imagen del mar. Adentrándose en la tierra, abriéndose paso y ofreciendo su belleza y esplendor. La promesa de que algo grande puede suceder si sabemos mirar con ojos limpios, claros, transparentes como el agua.

Luego vino la belleza de las cascadas, grandes y pequeñas, la creación elevada ofrecía todo su esplendor. Broté, resurgí, fui consciente de vivir y saborear cada instante.

Casi al final del camino, el cielo comenzó a llorar sin consuelo. Lágrimas de emoción contenida durante todo el trayecto. El agua se vertió en el interior de cada alma y desbordó a cada persona, plantando en su rostro el espejo de lo que somos y lo que queremos ser, recordando nuestra debilidad ante las emociones, expresando la fuerza interior y exterior, llegando al culmen de la alegría y la tristeza que envuelve a todo ser humano. Pretendió el cielo demostrar dónde se encuentra lo verdaderamente importante, quiso ponernos a prueba y ¡lo logramos!

Por caminos del agua, llegamos al final que es comienzo. Buscando … ¡despertamos!

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