Círculo infinito

El agradecimiento es un círculo de trazado infinito, incompleto e imposible de cerrar. Cuando alguien está agradecido de corazón, adquiere una deuda eterna. Siempre es insuficiente el tiempo cuando se trata de demostrar lo que significa algo que tiene un valor incalculable. Y, sin embargo, voy a intentar expresar en palabras el cambalache ocurrido en mi alma hace un par de noches. Aunque he de decir que aún estoy en una nube.

Hace algo más de un año aterricé en el particular universo de un grupo musical llamado La MODA (La Maravillosa Orquesta del Alcohol). De la mano de Rox, me adentré en sus letras y su música con la facilidad de aquel que llega a casa y se siente cómodo en el hogar. Estos chicos de Burgos hacen sentir en el más amplio significado de la palabra. Expresan ternura, pasión, amor y también odio, rabia, tristeza… Son puro corazón. Compartí con muchos y muchas estas sensaciones, pero mi primo Luis Ángel,  bombero que en acto de servicio  acababa de sufrir un accidente en el que estuvo a punto de perder la vida y que tuvo terribles consecuencias para sus tobillos, acogió al grupo como algo propio. En el último año, la recuperación ha sido dura, él ha tenido que volver a aprender a caminar, y La MODA ha formado parte de su banda sonora.  Hasta tal punto, que en septiembre, cuando los burgaleses dijeron que iban a venir a Salamanca a presentar su nuevo disco “Salvavida de las balas perdidas” no dudamos en coger las entradas. “Si estoy bien voy”, me dijo, cuando le sugerí adquirirlas con antelación. El ir a este concierto con él era para mí un sueño.

La mañana del concierto, 16 de diciembre, me levanté con una sensación de extrema felicidad. Por eso decidí compartirla. Escribí un mensaje por Instagram al vocalista del grupo, David Ruiz, contándole toda la historia. ¡Fue un increíble!, en pocas horas recibí su contestación diciendo que era una historia muy bonita y dando ánimos a mi primo. No os podéis imaginar lo que significó para mí. Nunca antes me había pasado nada igual. De nuevo, volví a sentirme bien gracias a este grupo. Por la tarde, en el viaje desde Ciudad Rodrigo a Salamanca para ver el concierto, le enseñé a Luis Ángel el mensaje y la contestación, ¡no se lo podía creer!

Ya en el CAEM, abarrotado para la ocasión, disfrutamos de un impresionante concierto, donde la gente estaba levantada de los asientos desde el minuto cero y cantaba y bailaba entregada como si aquel fuera el último instante de sus vidas. En mitad del concierto, David, el vocalista, comenzó a contar una historia. Sorprendidos Luis Ángel y yo nos miramos. ¡Era nuestra historia! La MODA dedicaba una canción a mi primo, “Hay un fuego dentro”. Empecé a chillar, a dar las gracias, a llorar, agarré a Rox de la mano, abracé a Luis Ángel, y así, los tres, escuchamos emocionados. “Siempre hay una luz, no se va, es igual que tú”.

Acto seguido David en un inquietante y mágico momento  cantó “Campo amarillo”, el himno de la comunidad rural con la que tan identificada me siento. Pertenezco a la tierra que menos importa, donde no puedes buscar “oro si no lo da el cielo”, donde “quieren hacer el agosto a nuestra cosa”, “sístole, diástole, diáspora, fin”.
¿Qué os puedo decir David, Caleb, Alvar, Joselito, Jorge y Jacobo? Sois GRANDES. Vuestra sencillez y cercanía conquista. La deuda del soplo de hechizo que recibí en vuestro concierto será eterna. Aún nos sentimos en “ese instante en que la montaña rusa llega arriba, y no antes, ni después”. No hay tiempo para expresar lo que sentimos. Encontré “a los que pueden parar el mundo solo con mirar” en vosotros. Gracias eternas. Círculo infinito.

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2 Responses to Círculo infinito

  1. Rosanna says:

    “Si no moliese cada hueso para echárselo a los versos…”
    Amiga del alma, no sólo disfrutaste tú de ese maravilloso concierto de la M.O.D.A. en Salamanca. Los burgaleses consiguieron con su música, con sus letras comprometidas y sus profundas reflexiones, que cientos de almas nos sintiéramos una.
    Para mí fue especial porque tenía junto a mí a las personas -gente especial que me escucha, me enseña, me acompaña- con quienes descubrí a La M.O.D.A.; a mi hermano, a quien quise regalar la oportunidad de escuchar algo diferente a lo habitual, profundo, reflexivo… también saltó y disfrutó conmigo mi compañero de vida, quien me entiende como nadie en mis tremendas contradicciones, y mi hijo y su amigo, que ya tararean los himnos de la M.O.D.A..
    Pero, sobre todo, porque pude vivir ese momento mágico que nos regaló este grupo de nuestra tierra, que la siente como tú y como yo, que les duele, que la defienden. Y que te devolvieron con creces el sentimiento que le pones a la vida con su dedicatoria, y pintaron lágrimas en los ojos de Ángel Luis. Con él -feliz reencuentro- comparto esa sensación indescriptible del que una vez aprendió que cualquier instante puede ser el último. Pero, mientras tanto, bailemos, cantemos, sintamos, compartamos.
    Gracias a todos por compartir este momento tan especial.
    Y a ti por brillar siempre, amiga. Mereces ese momento que os regalaron. Que nos regalaron.
    Larga vida a La M.O.D.A.

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