Nuestro reflejo

Llevo tiempo pensando en los jóvenes. Soy madre de jóvenes e imparto sesiones y talleres donde la gente joven es protagonista. Precisamente en una de estas actividades, de radio, pensé que sería buena idea el salir a la calle y realizar una encuesta aleatoria sobre la opinión que se tenía de la juventud. El tono general de las respuestas callejeras fue negativo o lejano a una valoración. Mi sorpresa aumentó cuando hicimos la encuesta al revés y pregunté a los chicos y chicas: “¿Cómo creéis que la gente ve a la gente joven?” La valoración tampoco fue positiva, temas como el alcohol, los conflictos o la indiferencia salieron a la luz.*

En mi opinión, los jóvenes de hoy en día lo tienen muy difícil. Se mueven en un mundo distópico donde no hay pasado ni futuro, su línea de acción funambulista es el presente más inmediato y ahí tienen que realizar equilibrios para demostrar constantemente que valen, que se puede vivir al límite y que nada importa si estoy bien. La imagen generalizada es negativa porque en ellos reflejamos nuestras propias frustraciones y esto no es nuevo, pero ahora se intensifica. Queremos que sean lo que no hemos sido nosotros, que consigan aquello que no hemos logrado, pero sobre todo queremos su bienestar a costa de lo que sea o de quien sea.  Buscamos un mundo monocolor, rosa o blanco en la mayoría de las ocasiones, no nos importa que la realidad tenga claroscuros o que sea tan variada como el arco iris. Pensamos que les damos lo mejor cuando les ponemos las cosas fáciles o que les beneficiamos cuando les protegemos. Y luego nos permitimos el lujo de criticar nuestro propio producto social. 

Otro de los problemas es la horquilla de edad de la denominada edad joven, demasiado amplia en mi opinión. Y esto tiene que ver con la eterna juventud a la aspiramos. Esto tampoco es nuevo, fueron muchos los aventureros que paradójicamente perdieron la vida en busca del elixir de la eternidad y los alquimistas también añadían  este deseo a su lista de aspiraciones.

No comprendo una sociedad que no cree y confía en la gente joven, que en el fondo son nuestro futuro y el fruto de aquello que hemos construido entre todos. Lejos de una reflexión filosófica que no me corresponde, la solución pasa por el diálogo intergeneracional, el encuentro del eje central en el ser más que en el hacer y en la adaptación al tiempo y al espacio que vivimos.

La respuesta está en la utopía que ilumina la ilusión, esa luna  perdida que aún tiene “espacio disponible”**

 

*(Podéis escuchar las encuestas a las que se refiere este artículo aquí  y aquí  y la opinión de los chicos y chicas aquí) .

**“Espacio disponible”, obra de teatro de Perigallo Producciones, ganadora del premio del público al mejor espectáculo de sala en la 20 ª Feria de Teatro de Castilla y León-Ciudad Rodrigo.

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