45

Al borde del abismo que suponen los 45 años todo es posible. Llevo pensando en ello varias semanas, jamás había percibido un pánico escénico similar ante el imparable acontecer del cumplir años. Siempre me había sentido feliz ante la idea de celebrar el haber vivido un año más, sin embargo ante este 29 de junio, mis pies se paralizan y el semblante hierático no expresa más que preocupación y cierto desasosiego. Y es que 45, número perfecto, es también una edad bisagra.
La relativa juventud se esfuma. La vejez se ve lejos. Definitivamente, alcanzas el pleno de la edad madura. Empiezan las temibles revisiones médicas, por obligación, donde a buen seguro que encuentran algo. Surge el fantasma del nido vacío. Abres bien los ojos hacia adentro para hacer un repaso del camino realizado, de los sueños ¿cumplidos? Revisas el peso, el color de tu pelo, la forma de tus labios, el aspecto. Tiemblas ante lo que vendrá, mezcla de curiosidad y miedo. Das cuenta a tu alma, incluso, de tus sentimientos, zurcidos y repasados con agujeros invisibles, que tú y sólo tú, mimas y sientes.

Me balanceaba en la barca ante las aguas turbulentas que supone un cambio de estado, de edad, el paso de la corriente a las aguas bravas. Me dejaba mecer por el impulso de este acontecer en el río de mi vida. Y notaba los movimientos bruscos en mi cuerpo y corazón. Me ocurría esto, a tan sólo una semana de cumplir un año más. Fue entonces cuando me percaté y me di cuenta.

Tal vez no sólo se trata de dar gracias por obligación, pues es notable y de bien nacido ser agradecido. De esto no hay duda. Tal vez no sólo se trata de sonreír ante un año más vivido con esmero, detalle y dedicación. Pues el tiempo es un regalo y la habilidad de aprovecharlo, al límite, un don. Es posible que no sólo se tratara de esto, porque soy consciente de ello y forma parte de la genética heredada y del buen hacer aprendido de todos los que me precedieron y contribuyeron a mi formación. No. Ahí no estaba el secreto.

“Me quiero y me acepto”, afirmaba la canción, “con pasión”, añado yo. Es la pasión lo que difiere, la eterna diferencia. Dar pasos con el ímpetu adecuado, con la entrega necesaria y precisa, esa es la distinción. De modo que yo leo, escribo, canto, camino, corro, observo los pájaros, hablo, converso, ayudo, rondo el verso, subo, bajo, escribo,… ¿qué diferencia mi hoy de mi ayer? ¿qué hace especial este segundo respecto al siguiente? Indudablemente, el gramito de pasión y entrega amorosa que ponga en cada letra, en cada palabra.
Pulso teclas a ritmo de corazón y sólo así te encuentro. Respondo a mis interrogaciones con sentencias firmes que no siempre son acertadas. Equivocarse también es necesario. Vertiendome en cada error, en cada decisión, en cada parpadeo, …, así  ¡Apasionadamente!

Number 45 Forty Five Chalkboard

Advertisements
This entry was posted in ARTÍCULOS. Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s