PERSIGUIENDO SUEÑOS

“Las ideas son regalos. Sigue las ideas y no te preocupes de la forma, de las reglas. Sigue las ideas de las que te has enamorado y sé fiel a ellas. Y ellas te lo dicen todo, así es como se hace” (David Lynch)

Hace ya tiempo, leí la historia de Adrián Solano, el esquiador venezolano que compitió en un campeonato mundial sin haber visto nunca antes la nieve. Su meta era para él tan importante que hizo lo imposible por llevarla a cabo, superando toda lógica y argumento racional. De sus palabras, guardé en mi corazón un puñado de ellas: “Los sueños nunca vencen, sólo les das pausa en su descarga”. Y es cierto, un sueño siempre te anda rondando. Va y viene. Busca cualquier grieta, cualquier punto de luz en tu acomodada y estable vida para hacerse visible y revolucionar tu interior. Es la idea que no te dejará dormir tranquilo hasta que no la lleves a cabo, aquella que te buscará al final de tus días para preguntarte, cara a cara: “¿por qué no seguiste mi senda?”, casi como un reproche, como un deseo insatisfecho.

El sueño aparece a golpe de corazón. Siempre está ahí. En un momento, es la ilusión que te impulsa a seguir caminando. Al otro, la decepción por ser cobarde y no saltar. Al día siguiente, la imaginación que brilla en tus ojos. Al otro, el miedo personificado en temblor de labios y cabeza oculta en la almohada.
En mi interior aún resuenan las palabras de dos amigos que han vertido en mí su pensamiento en los últimos tiempos. Las primeras de mi amigo Abel que me pegó un tirón de orejas en plena entrevista, diciendo aquello de que si queremos algo tenemos que ponernos a ello, siempre habrá algo más de qué ocuparnos, pero eso debe ser lo importante. Las segundas de mi amiga Loli que, con la sabiduría cotidiana que la caracteriza, me dijo que nada ni nadie puede impedir que yo haga algo de lo que estoy plenamente convencida porque después siempre me preguntaré por qué no lo hice.

La carrera por conseguir un sueño, sea realizable o no, es nuestra motivación a la hora de recorrer la porción de camino designada. La pretensión hace posible que la maquinaria avance. Si lo alcanzamos, la satisfacción será plena. Si no es así, siempre será la zanahoria que delante de tu rostro te ayude a avanzar por la senda que realmente decides y quieres.

Y ahora piensa… ¿Cuántos sueños tienes a la espera de descarga? ¿Por qué no acudir en pos de ellos? ¿Por qué no dejar que sean la estrella polar que te indique el norte en la noche oscura? ¿Por qué no dejar que renazcan de manera maravillosa como el sol cada mañana?

Otra amiga, Sonia, hace ya más de veinticinco años, me ofreció un proverbio conocido como parte de su hermosa herencia: “Es posible que no lo consiga, pero al menos tendré el logro de haberlo intentado”. Y no se equivocó.

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