“Su sonrisa, gracias”

Tiendo a  enrocarme en el inmovilismo cuando la tarea supera mi energía. Entonces repito palabras de sincera y rabiosa desesperación, como si sólo por decirlas una y otra vez la situación fuera a cambiar: “ya pasará”, ”ya no queda nada”, “en fin ¿qué se le va a hacer?” y otras frases incoherentes y manidas por el estilo. Lejos de aliviarme, este mantra desesperado produce una irritabilidad interior que no lleva a nada, una vía muerta que paraliza mi tren, habitualmente de locomotora desbocada.

Entonces se enciende el piloto rojo de  “pócima mágica agotada” y ya no hay nada que hacer. Al menos aparentemente. El depósito está vacío, la máquina del optimismo y la fuerza está detenida.

Sin embargo, ante estas situaciones, encuentro el pozo inagotable en el reposo y el sosiego que ofrece el hogar, la conversación amiga, la imagen perfecta que llega por casualidad, el resultado del trabajo, la esperanza recogida en las palabras de un buen libro o en la historia de una original película. Me detengo, intento buscar perspectiva, mirarme desde el exterior, como si viera mi propia trayectoria vital desde lo alto de una montaña, ajena a mis propios sentimientos y sensaciones.
Con ese nuevo punto de vista, todo cambia.

El sueño que desdibuja el interior, al que pocas veces nos atrevemos a asomarnos, se presenta revelador. Es así como el carrete vuelve a estar preparado para tomar instantáneas perfectas (símil adecuado para aquellos que leéis estas palabras con la experiencia que da un siglo XX pasado y lleno de antiguas sombras, vosotros lo entendéis). Es entonces cuando aciertas y consigues una sonrisa contagiosa, que logra iluminar a cuantos están a tu alrededor lejos de inmovilismos desesperados, de callejones sin salida que no conducen nada más que al infortunio de lo que nos disgusta de nosotros mismos reflejado en nuestros hechos y palabras.

¿Y si esa sonrisa contagiosa que ahora tengo también te ilumina a ti? ¿Y si consigo mi propósito de hoy, que empieces tu jornada con la mirada puesta en un sol imaginario, que oculto por las nubes grises está presente ofreciéndonos su luz, aunque no lo veamos, aunque sólo percibamos la claridad que posibilita? ¿Y si lo logro?
Si alcanzo esta diminuta gran meta, TÚ serás mi mejor imagen, el ingrediente necesario para completar la receta perfecta de esta pócima mágica antes agotada y ahora repleta gracias a ti. Mil gracias, amigo, amiga. Gracias por sonreír.

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