Coincidencias: los árboles, la revolución de los conmovidos y Totoro.

Sé que la combinación resultará un tanto extraña. Pero llevo dándole vueltas varias semanas. Los árboles me inquietan, me hacen sonreír y me interpelan. Logran hacerme volar por encima de sus ramas y me conducen a preguntas acerca de su tiempo pasado, presente y futuro. Valoro cada una de sus ramas, la livianeza de sus hojas y el contraste con sus pesadas ramas. Quién lo plantó, cómo llegó allí, qué efecto causa en los que le rodean, cuál es su fortaleza, su presencia, su increíble altura que barre el cielo. Pienso en todo ello, lo reflexiono, lo siento. Antes no era así.

La historia de esta inquietud comenzó… no sé bien cuando. Imagino que hay personas que giran a tu alrededor y te hacen valorarlo, una compañera de trabajo apasionada por la naturaleza o aquella otra gran persona que te contagia su amor por los árboles y descubre este o aquel ejemplar que se encuentran en tu entorno, que siempre habían estado ahí, sin darte cuenta.

Luego llegó “la revolución de los conmovidos” del programa de radio “El bosque habitado”. Como su presentadora y directora María José Parejo siempre dice “sólo se protege lo que amas. Lo que amas conmueve. Y esa es la herramienta más fuerte de transformación social”. Me declaro, por tanto, oficialmente unida a esta hermosa revolución. Escuchaba el programa en Radio 3 esporádicamente los domingos por la mañana. Pero al inicio de verano, el programa referido al tejo (“Eternos, silvestres y estables como el tejo”) realmente me enganchó y puso mi alma del revés. La propuesta de este espacio radiofónico va más allá de una producción semanal, tiene que ver con un cambio al tiempo personal y colectivo, una manera de entender el mundo, la naturaleza, el medio ambiente que nos rodea. ¡Ubuntu! ¡Arriba las ramas!

La tercera coincidencia llega de la mano de uno de mis hijos. Aunque la película fue realizada quince años antes de que él naciera, llevaba mucho tiempo diciéndome que tenía que verla, para él una genial historia. “Mi vecino Totoro” cuenta la historia de dos niñas y de su relación con el espíritu del bosque “Totoro”. Sólo ellas tienen la increíble capacidad de verle. La película es muy hermosa, habla de solidaridad, de imaginación, de superación de dificultades, de vecindad bien entendida y, sobre todo, de nuestra relación con la naturaleza. Invita a descubrir el espíritu del bosque, el secreto que alberga el interior de un grandioso y espectacular árbol. Reírse de los fantasmas del pasado, es la mejor manera de ahuyentarlos. Así que también me declaro oficialmente fan de Totoro.

Las coincidencias nos hacen un poquito más libres, porque abren nuestra mente y conducen nuestros pensamientos y emociones por donde nunca habíamos pensado con anterioridad. Ayer le pregunté a Tejo, el habitante de mi isla que más sabe sobre la naturaleza de este rincón en el que habito, sobre la existencia de ejemplares de tejos en nuestro alrededor. Me señaló dos y estoy deseando ir a comprobar su existencia.

Estoy segura que hoy pasarás al lado de un árbol que te hablará de su pasado (¿cómo llegó hasta allí? ¿qué ha pasado a su alrededor? ¿a quién ha dado sombra?), presente (tú) y futuro. Su presencia será una coincidencia en tu vida que hará que camines por increíbles sendas que nunca antes habías pensado pisar, suavemente.

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“Era tu historia, se cruzó con la mía, tanta gente ahí fuera y COINCIDIR aquel día” (Macaco)

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