El maravilloso mundo de los días tortuga

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A ritmo de Arco, el ex vocalista de “El puchero del hortelano” ahora en solitario, comienzo mi día tortuga, consciente de que a el cuarto día de la semana siempre irá más deprisa que mi propio paso, muy por delante de mis energías y mis fuerzas.

Sé que no llegaré a la planificación prevista, ni a la propia (siempre calculo de manera equivocada, pienso que mi día tiene 25 o 26 horas y, claro, a la hora de la verdad nunca llego o voy a mil ), ni a la ajena (lo que los demás esperan que realice, todo lo que no pedí, lo que nunca soñé, lo que jamás imaginé, por muy extensa y amplia que sea mi condición imaginativa).

Así que, aquí me pongo, delante de la línea de la salida, rodeada de liebres, ranas, conejillos y alguna que otra hormiga, que también se disponen a comenzar la carrera diaria. Tortuga vibrante por la espera del primer rayo de luz que indique la salida. Impaciente por comenzar pero al mismo tiempo temerosa porque sé que, un día como hoy, mi fuerza está como la actual luna (menguante) y mi cuerpo ya empieza a resentir las tareas cumplidas y los sobre esfuerzos realizados desde el inicio de semana.

Sin embargo, como la tortuga, lenta pero segura, caminaré disfrutando del paisaje cotidiano, de la gente que me rodea, dispuesta a no sufrir aunque no llegue a lo previsto, constante en cada movimiento, empeñada en continuar aunque duela, a sabiendas que al alcanzar el horizonte final de la noche estaré exhausta y cansada, pero al tiempo satisfecha por no haberme rendido ni a las dificultades ni a la desesperanza.

Protegida por la dura concha que me ofrece la consciencia de mi propia debilidad, arropada por el cariño y el amor que voy recogiendo por el camino, miro al cielo, que es el tuyo, con la ilusión que me proporciona el saber que estas cerca.

¿Preparado para un día tortuga? ¡Sí!

“Si enterraras para siempre lo que ayer te atormentó,
Si enredases la madeja y cambiases el guión,
(…)
Si lo hicieras ganarías la alegría que ahora anhelas,
Si quisieras te daría mi vida entera.
Si anotaras las costumbres y manías de tu rol,
Y después desaprendieras lo que nada te aportó.
Si al mirarte en el espejo no olvidaras sonreír
Y te vieras tan bonita como yo te veo a ti.
Si lo hicieras ganarías la emoción
Que tanto esperas.
Si quisieras te daría mi vida entera”
(Arco. La vida entera)

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