PEQUEÑA HISTORIA DEL PERRO Y LA LUNA

Como todos los cuentos, nuestra historia comienza con un: “Érase una vez”.
Érase una vez un perro llamado Teo, Teo el joven, descendiente del inigualable Teo el viejo, ancestro digno de reseñar en el árbol genealógico de todo perro, grande, atlético, vital y listo, increíblemente agudo en el planteamiento y el resultado.
Pero no el el Viejo quien ocupa el pensamiento en este momento sino el Joven que había heredado todo lo bueno genéticamente de Teo el Viejo, destacando en su descripción el hermoso pelaje y sus ojos ávidos y curiosos con los que observaba hasta el más mínimo detalle de cuanto había a su alrededor. Por poner alguna pega, únicamente era comentable una ausencia: a su astucia le faltaba la experiencia paterna, por lo que era frecuente encontrarle envuelto en extrañas y paradójicas situaciones que, a veces, y sólo a veces, hacían enfadar a su dueña.

Teo escapaba feliz detrás de una mariposa cuando iba a dar un paseo, sin pensar en los peligros de la cercana carretera. Teo comía sin parar cuando la ocasión lo propiciaba, sin reparar  en el consecuente empacho. Y Teo volaba con la imaginación, ignorando órdenes o lecciones, porque su sexto sentido, exageradamente soñador, le invitaba a ello. Era esta su principal virtud, que a menudo tornaba en defecto, pues el vivir en el mundo de los sueños conlleva penas y desasosiegos, aunque también momentos de increíble dulzura y encantadora y pura vivencia.

Teo soñaba ¿y desde cuando se ha visto a un perro soñar o imaginar? Tal vez nunca, pero por nunca haber acontecido no ha de ser menos cierto o posible.

De un tiempo a esta parte, la luna habla a nuestro entrañable perro. Le susurra mensajes en un lenguaje especial, ese que sólo comprendemos los verdaderamente lunáticos. La luna llena le calma, le dice que el soñar forma parte de su ser, que no se amilane ante el peso de la realidad, que gracias a los sueños su vida permanecerá intacta en cuanto a ilusión, brillo y confianza. Al oír estas palabras Teo es feliz, pues recibe con alegría el influjo de la luna.

De modo, que si un día de estos, coinciden tus pasos con los suyos. Sonríe al recordar que si tu formas también parte del numeroso mundo de los lunáticos, hay un perro llamado Teo que te comprende muy bien. Y yo… ¡yo también!

IMG-20160322-WA0013(Dedicado a Teo, el perro al que habla la luna. Fotografía realizada por su dueña, Belén, en las orillas del río Águeda)

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One Response to PEQUEÑA HISTORIA DEL PERRO Y LA LUNA

  1. Pilar says:

    Gracias.
    Ya tengo un precioso cuento para esta noche.

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