Mensajes de luna menguante

A veces buscamos señales en el lugar equivocado. Creemos encontrar el hilo de plata que nos conduce al camino perfecto en el sitio incorrecto. A veces, las señales llegan en el momento más inoportuno y te bajan de la nube de manera inmediata, forzada, de golpe. Es como frenar de repente el carrusel cuando te estás divirtiendo, como detener el tren en medio de la nada, de un paraje imprevisto y en el que, por supuesto, crees no tener nada que hacer. Pero ocurre. Y la tozuda realidad te obliga a coger carrerilla, como diría una gran amiga, y a retomar el viaje con más bríos, con más ganas de volar.

A veces las ocultas indicaciones de esta vida sin libro de instrucciones se encuentran más cerca de lo que pensabas, a las claras, evidentes, siempre estuvieron ahí, pero te negabas a verlas, ciega por la búsqueda incesante, obcedada en mirar tan sólo una porción de cielo, sin darte cuenta de que el horizonte es una línea imaginaria, imprecisa, límite inexistente.

A veces la realidad, nos transmite señales que no esperamos. Pero, no por inesperadas, dejan de ser ciertas. No vale preguntarse por qué. En vano debes buscar razones. Sólo avanza sin mirar atrás. Lagrimea si es necesario. Después, abre bien los ojos, y busca una pequeña mano a la que agarrar, un hombro en el que apoyarte, un oído en el que confiar, unos labios a los que besar, una mirada firme que te de la fuerza segura para dar los pasos, para continuar.

A veces la luna mengua y esa, aunque no quieras, es la señal.

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