La hora de los valientes

En la oscarizada película “Del revés”, que tan bien nos describe desde el punto de vista de la inteligencia emocional, una de las emociones que rige nuestra toma de decisiones es el miedo. Como todas las directrices internas que marcan nuestro comportamiento, el miedo es un arma de doble filo y encontrar la cantidad adecuada resulta preciso para nosotros y… también para los que nos rodean. El miedo nos protege frente a aquello que nos puede hacer daño física o psicológicamente, pero al mismo tiempo si es excesivo puede ser un obstáculo para dar pasos o para caminar en una dirección. Frases como “atreverse o morir” o “quien no arriesga, no gana”, están a la orden del día.

Todos tenemos miedo. Quien diga que no, ya está reconociendo un miedo, el terror a la pérdida de confianza o al desprestigio exterior. Los miedos centran nuestra vida en mayor o menor medida cuando somos pequeños y también de mayores. Hay miedos inducidos y otros que vienen con el pack y nos impulsan a ser precavidos. Miedo a la oscuridad, a la soledad, al no sentirse querido (aprobado, aceptado por el entorno social). Miedo a lo desconocido, a errar con la palabra, al dolor, al desprecio.

Del miedo al terror, hay sólo un paso. ¡Y a eso sí que le tengo miedo!

Hay situaciones que, sin remedio, dan lugar al miedo. El contexto social de vulnerabilidad en el que se encuentran las personas que viven en un entorno bélico e inseguro, por ejemplo. Este es un miedo que impulsa a la huida, al protegerse, al “sálvese quien pueda”.
Hay miedos superables y, que deben vencerse si queremos alcanzar unos objetivos. El miedo escénico, por ejemplo,  si pretendes ser un actor o una persona que hable en público. Eso sí, debe ser de mayor tamaño el objetivo, la finalidad, el deseo, que el propio impedimento a realizarlo. Si no es así, estás perdido amigo mío.

Mi mayor miedo es a perder lo más querido, a que el duro de este carrusel se agote y finalice el viaje sin decir a los demás lo que verdaderamente siento. Miedo al dolor por la ausencia, miedo a vivir con el hueco que deja el amor cuando finaliza, cuando termina, cuando definitivamente se va. Miedo a no vivir plenamente, a no entregarme cada día, con pasión, de manera completa. Miedo a no ser querido o apreciado por los que realmente me importan. Es un miedo que a veces, la mayoría, determina.

Reconocer un miedo no es un signo de debilidad sino todo lo contrario, es abrir una puerta a la lucha y a la superación. Tener miedo por tenerlo es una pérdida del precioso tiempo. El miedo nos impulsa a buscar remedios y, he ahí, el mayor tesoro. No es un fin sino un instrumento. Es un condicionante, no un determinante. Es una emoción natural que debemos aceptar como tal, con sus pros y sus contras, sin más.

De modo que hoy, amigo, amiga, abre la puerta de tu vida con decisión, siendo consciente de tus miedos y debilidades, pero también de tus virtudes y fortalezas. Ve a por aquello que quieres con paso firme y seguro. ¡Es la hora de los valientes!

miedo
“A veces el miedo te hace dudar, a pocos segundos antes de saltar, no lo dudes sólo abre tus alas siente el vuelo. (…) Si cada lágrima te hace más fuerte, muerde la vida con uñas y dientes, hoy puede ser que todo empiece a cambiar (…) y lo mejor está por llegar. ” (Diego Torres, “El vals de la vida”)

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