De tu árbol colgaban palabras

Hay un  árbol que te aguarda. Hay una rama aún hoy, en mitad del otoño, repleta de hojas. Hay una rama, de apariencia seca, sin verdes extremos, cubierta de rocío congelado, de verde moho, de blanco hielo o vivo musgo. La rama te espera, pasa las noches en soledad, aguardando con paciencia, tu venida. En medio de la nada, o en compañía, un árbol más en un bosque milenario, o rodeado del inmenso espacio que da el bello y hermoso paisaje, sin más compañero que el aire.

Hay un árbol que espera tu presencia, que te aguarda. El de la extremidad perenne. El de la rama desnuda, sin resto de savia, sin aparente vida, sólo el recuerdo le alimenta, ya únicamente la mañana le alienta.

En las noches de luna menguante, el árbol que te espera, suspira.

Salpica el rocío la madera de apariencia inerte, aviva el pasado el pequeño pájaro, anima el alma de aquello que fue o que, tal vez, es. Y con el sonido de las primeras crías, sonríe el árbol en su interior. Amanece.

Toda paciente espera, cuenta con su recompensa. Un día al fin, apareciste. De tu árbol colgaban palabras, que recogiste al pasar, sin pensarlo, con una mirada, con tu mirada. El milagro.

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(Fotografía de Teresa Navarro Calama)

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