El pájaro azul

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Para Rubén Darío, el pájaro azul era la inspiración, que de vez en cuando volaba en pos de su amada. El pájaro azul volaba, iba y venía, se tornaba de otros colores, se ocultaba y, a veces, no aparecía. En la película clásica protagonizada por la Taylor, el pájaro azul era la búsqueda de la felicidad, la aventura del viaje iniciático a un mundo diferente, el paso necesario, lo que éramos y lo que seremos. Bukowski incluso le dedicó un poema (hay un pájaro azul en mi corazón que/quiere salir/pero soy duro con él,/le digo quédate ahí dentro,/ no voy/a permitir que nadie/te vea (…). En Asturias, está en marcha desde el 2009, la Fundación Pájaro Azul que se dedica a luchar contra las desigualdades en el continente africano, a ella le dedicó el Robe de Extremoduro una canción adelanto de su reciente disco en solitario (“voy buscando lo que quiero, averiguando a mi manera…”)
Para mí el pájaro azul tiene que ver con la belleza esporádica, que aparece cuando menos lo esperas, que surge de la orilla y vuela delante de ti exhibiéndose, mostrando su bello plumaje como una llamativa exhortación a la felicidad, resultado de la consciencia de lo efímero del momento dulce, de la recreación con la hermosura de aquello que te rodea, camino de la utopía como dice la canción. A veces veo el pájaro azul, y me siento feliz por ello. Cuento las ocasiones debido a lo extraño de este momento. Suele ser un objetivo solitario, a través del catalejo imaginario, caleidoscopio de ideas, sentimientos y memorias, mezclados en torno a mi alma. Por tres veces, lo vi con estos ojitos y sonreí por ello, en predicción aventurada de un día feliz. Realmente lo fue, ya que a pesar de las dificultades, todo salió bien y al terminar la noche, después de llorar, pude dar gracias, todo pasó.
Hace un par de tardes, vi el pájaro azul de nuevo. Volvía a lucirse en vuelo a ras del líquido elemento, surcando la corriente, en contra. Apareció y volví a sonreír, esta vez no de manera individual, sino colectiva, compartiendo el sentimiento de alegría que me provoca verlo, y, si cabe, sonreí aún más por mi felicidad compartida. La esperanza y el color ante mis ojos, planeando un camino común. Creo que eso fue lo que más me gustó e ilusionó, la capacidad de compartir, que otros se sintieran bien, como yo, por algo tan sencillo y nimio como el vuelo de un pájaro.
Aparición deseada, vuelo preciso ¿lo ves? Allí está. El pájaro azul.

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