Haga caso a su corazón

Afirman que la nariz y las orejas son las partes de nuestro cuerpo que crecen durante toda la vida. Por eso nuestro rostro se va modificando a medida que pasa el tiempo, adaptándose a las nuevas dimensiones que la madre Naturaleza dispone para cada persona. En mi opinión, existe además otra parte de nuestro cuerpo que no detiene su crecimiento, cuya elasticidad no tiene límites, al menos de forma espiritual. Haga caso a su corazón.
Tener un corazón elástico es una de las mayores virtudes que puede tener el ser humano. El corazón se va llenando de amigos, familiares, conocidos, personas que llegaron un día a nuestras vidas y dejaron la pequeña estela que constituye el gran mosaico de nuestras vidas. Es muy probable que tú no lo recuerdes pero quiero que sepas que aquel día tu sonrisa fue importante para mí, me ayudaste a poner un peldaño en mi vida y también entraste a formar parte de mi corazón elástico. Es posible que tú no lo desconozcas pero aquella otra mañana tu mirada me hizo feliz. Lo más seguro es que tú ni siquiera te dieras cuenta pero la palabra amable en el momento preciso me hizo sentir bien y desde entonces andas en un rinconcito de mi alma, junto a otras muchas personas cuya memoria cuasi venero, envueltas en papel de plata para conservarlas y hacerlas visibles cada día. Así, el corazón va creciendo, incrementa su tamaño a medida que pasa el tiempo, construido por el sentimiento que aportan las personas que vas encontrando en tu trayectoria vital.

Como ya os he comentado en alguna ocasión, las piedras son símbolo de este crecimiento espiritual. Las personas a las que más quiero y que más me aprecian, dedican un minuto de su tiempo cuando viajan para recoger una piedra cuyo destino es mi casa, mi vida, mi corazón. Les pido que me traigan una piedra y me la acercan con cariño, así mi colección de piedras incluye ejemplares de una gran cantidad de partes del mundo desde América a África, pasando por los rincones más bellos de nuestra Península. La primera piedra que guardo tiene nombre, se llama “el caballo del diablo” y me la trajo de Galicia el que fue a mis catorce años el amigo del alma, aún la guardo. La última vino desde Miami y la próxima desde Suiza, aunque aún no la he recibido sé que me la han traído y que pronto llegará a mí.
Lo genial de este crecimiento absoluto es que, lejos de pasar desapercibido, lo siento cada día. Lo verdaderamente maravilloso es que no hay reducción posible, ni retroceso. Lo increíble es que la forma es única y propia. Ningún corazón es igual a otro.

Mi corazón me dice que seguirá creciendo. Y si es al lado de la gente que más quiero, mejor.

Piedra de Rebeca

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One Response to Haga caso a su corazón

  1. Pilar says:

    Pues claro que mejor….
    Muak

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