Como gota de oro que tiembla al caer

Buscamos los rincones del tiempo y exprimimos el segundo aprovechando cada milésima como si fuera una gota de oro que tiembla antes de caer, forja viva que une cada eslabón de la amistad en abrazo sublime, palabra oportuna, oído preciso, mirada acogedora, gesto que lo dice todo sin mediar palabra.

Y de ese modo, ansioso y necesario, nos encontramos. A trompicones se escapan los temas por nuestra boca, lenguas con movimiento eterno, infinito, voces que no acaban nunca y que, ahora que te has marchado, siguen resonando en mi interior, las tuyas y las mías, al principio alegres, en un rato confidentes y, más tarde, en susurro tierno y cariñoso.

El cariño, la dulzura, el compromiso, la ruptura, la reprimenda, la severidad, la lágrima, la sonrisa, la caricia, el alma cantando, el corazón abrigando un sentimiento eterno.
Brindo por lo que soñamos, por lo que fuimos y por lo que permanece, por la distancia y el encuentro, por el devenir de la vida, por las subidas y bajadas, por el ascenso y la caída, por la nube a la que subimos para hablar, para conversar.

Y ahora que ya te has ido, que descendí del cielo, que cerré el paréntesis momentáneo, sólo encuentro una eterna sensación de agradecimiento. ¡Gracias!

gota

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