El dolor

¿Qué nos enseña el dolor? A enfrentarnos a nosotros mismos, a observar nuestra desnudez en un espejo y sentir la fragilidad de lo que somos calando nuestros huesos, bañando nuestro interior de amargura sentida al límite. El dolor es la extrema cura de humildad, la receta infalible contra la valentía fingida, la muestra más palpable de nuestra innata vulnerabilidad. ¡Y tú! … ¿qué te creías? ¿pensabas que podías, que eras capaz? Y ahora, mírate, sin voz, sin movimiento, sin soluciones, sin pensamientos, sin tiempo, sin espacio, sin tramo ni camino, sin gesto, abandonado, recluido, hastiado, llorando, renegando, fluyendo sin órbita fija, fuera de ti, … ¡desbordado! ¡con dolor! ¿Y tú que te creías? Aquí te tienes, aquí estás, …, mírate bien porque este, este eres tú.

Y te ves, te miras. Y agazapado deseas que llegue el momento en que todo termine. Y reconoces, con humildad, tu fragilidad, tu hasta ahora oculta debilidad. Y suspiras. Y respiras e incluso oras buscando la luz. Respira el dolor, te dicen los sabios. Ponle luz. Aprovecha el sufrimiento. Rememora el tiempo en que no existía, en que permanecía agazapado acechando un asalto por sorpresa, tu asalto. Vislumbra la belleza desde tu nuevo punto de vista. Fíjate en lo más sencillo, en cualquier golpe de evolución. Espera el beso sobrevenido que cura y alivia, desea con anhelo la caricia que alivia, la ternura servida en bandeja de aquel que te cuida, la sonrisa del que llega y del que se va, aprovecha el silencio, el tiempo detenido, medita, lee, reza, bucea en tu interior como hacía tiempo que no lo habías hecho, detente, respira, comprende, asume, resiste, cárgate de fuerza, alégrate por cada centímetro de mejoría que sospeche tu cuerpo, ponle remedio, genera perspectivas, disfruta del amanecer pero también del atardecer, permítete el descanso, no te enfrentes al dolor, súmalo a tu interior como un punto más dentro de tu vivencia y trayectoria vital. Aprende de él.

¿Y si permanece? Y si sigue aquí, a mi lado para siempre. ¿Y si está tan dentro de mí, ha calado tan hondo, que ya no hay vuelta atrás? Convive con el nuevo habitante que te ha tocado en suerte. Y si está ahí es porque antes no estaba y también tuviste tu etapa sin dolor. Valora. Enseña a valorar. Procúrate momentos de descanso. Ofrécete a los demás como hermosa sinfonía de aquel que vivió, que vive y que es muestra del ascenso, del descenso, de la caída en picado, del planeo sin remedio. Vuela más allá de las nubes porque tú, que te has visto y sentido vulnerable, sabes que ahora eres más fuerte y que, por tanto, ¡tú puedes y debes! Procura la felicidad de los que te rodean, de los que te ayudan y apoyan en los momentos de debilidad, de los que te quieren y lo demuestran cada día, sonríe. Fabrica cestos de alegría con las mimbres que posees. Confía. Nada es porque sí y todo, todo, desemboca en el reencuentro, el sentimiento, la riqueza interior, la fe, el extremo del cabo que tanto estabas buscando.

De modo que… camina aunque te duela. El dolor impulsa, invita al cambio, a la revolución interior. El dolor es un añadido, como el árbol y la nube, un aspecto más del trayecto, forma parte del decorado, no es el fin, está en el medio. Siente, cree y ama. El amor es la respuesta, y tú, …, tú mi querido amigo lo sabes muy bien.

lágrima

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One Response to El dolor

  1. Pilar says:

    No quiero que te vayas, dolor, última forma de amar…
    Pedro Salinas.
    Un beso.

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