La belleza de lo efímero

Allí estaba. Iluminada en medio del fondo gris. Era única. Estaba sola. Una pequeña nube de color rosáceo en mitad de un cielo oscuro y triste. Sé que sólo era una imagen de la realidad, que nuestra percepción visual dista mucho del fenómeno meteorológico que ronda la atmósfera y se sitúa a una amplia distancia por encima de nuestras cabezas. Pero más allá de la forma gaseosa del agua, más allá de lo que supone desde un punto de vista físico, mi ojo capta belleza y mi alma siente una enorme paz.

Escuché hace unos meses que en Galicia se había desarrollado el II Congreso de Observadores de Nubes. Entre los ponentes se encontraban miembros de la Cloud Appreciation Society, cuyo presidente ofreció una charla sobre observación de nubes para principiantes. Además, el programa incluía disertaciones tan curiosas como “Nubes y campanas”, “Zoótropo de nubes” “Buscando las nubes en los cuadros” o “Las nubes y la fotografía”. Las actividades previstas se completaban con un trabajo de campo que se titulaba “Paseo a la caza de nubes”. En su conjunto, la oferta del Congreso me pareció más que interesante, no sólo por el detalle que supone detenerse frente a un elemento de la naturaleza, también por la rareza de aquellos que se paran a pensar en lo común como elemento extraordinario de la vida. ¡Eso me encanta!

En España, también existe una Asociación Ibérica de Observadores de nubes. En su blog explican que, en su opinión, “la contemplación de las nubes es muy buena para el alma, contribuyen a hacernos más conscientes del carácter efímero de nuestra existencia, y además son uno de los dones más ecológicos, saludables e igualitarios del universo (…)”.

Estoy completamente de acuerdo con estas afirmaciones. Mi alma se reconforta cuando se sumerge en la belleza de las nubes. Mi imaginación se desborda cuando se para a observarlas. Son para mí un lienzo en blanco donde pintar deseos, verdades, historias reales e irreales, vivencias y creaciones. Observar nubes es todo un placer. Misión de la semana, buscar nubes hermosas en medio del cielo gris, luz rosácea al atardecer, repleta de claridad cuando sale el sol, suspendida en el aire y cambiante como el cielo que reposa sobre nuestras vidas. Objetivo de la semana: guardar en mi alma la belleza de lo efímero.

IICongresoObservadoresdeNub

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