La isla del alfabeto

La semana pasada ha sido inaugurada en la Casa del Lector, en Madrid, la exposición “Como aprendimos a leer”. En el acto inaugural, el comisario de la muestra, Agustín Escolano, catedrático y director del Centro Internacional de la Cultura Escolar, recordó que en España 800.000 personas aún no tienen acceso a “la isla del alfabeto” y que la cifra se eleva a 800 millones en todo el mundo. La muestra hace un recorrido histórico por la transformación del aprendizaje a la lectura y se detiene en los materiales escolares utilizados durante los últimos cincuenta años para dotar a los niños de “la cosa más importante”, como dice Vargas Llosa.
Como consecuencia de esta exposición, he recordado mi cartilla, mis primeras profesoras y, sobre todo, mis inicios en “la isla del alfabeto”. Fue mi madre quien me abrió las puertas al maravilloso mundo de la lectura cuando tenía tres o cuatro años. Recuerdo que al entrar en Párvulos ya sabía leer y la curiosidad insaciable que alimentó en mí la lectura me hacía leer todo lo que había a mi alrededor. Todos los carteles y rótulos que había por la calle eran la sencilla prueba que utilizaba para enseñar a quien me acompañaba ya fuera padre, madre, tía o abuela que contaba con una nueva y genial habilidad.

¿Recuerdas cuándo comenzaste a leer? ¿Cuál fue tu primer libro? ¿Quién te enseñó?

La lectura ha sido para mí un inmenso regalo. No soy una lectora caracterizada por la cantidad pero sí por la constancia. Leo todos los días. La palabra es, para mí, alimento del alma. Del mismo modo que necesito los besos y los abrazos para dar pasos, tengo necesidad imperiosa de sumergirme en el mar de las letras y dejarme acariciar por las historias que leo. No imagino mi vida sin la compañía de los libros.

Por eso, considero un regalo esencial para los más pequeños, para los jóvenes, la apertura de puertas a “la isla del alfabeto”. Seguramente, suena a tópico, pero privar de este placer, de este don, es un error absoluto. A la isla se puede llegar a cualquier edad ¿eh? No hay límite de tiempo para explorar este lugar inmenso y sin límite que resulta de abrir un libro.

El libro que estoy leyendo en este instante, recomendado por mi polo opuesto, habla precisamente de cómo el aprender a leer da alas hacia la toma de decisiones libres. Cada una de las historias que contiene me ofrece un viaje en el tiempo y espacio, más allá de la isla en la que habito, sin límites.

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(fotografía procedente de globedia.com )

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