Ellos salvan vidas

El pasado 20 de febrero fue un día histórico para nuestro país. Se realizaron 45 trasplantes en 24 horas. 16 familias donantes permitieron que 45 personas, cinco de ellas al borde de la muerte, tuvieran una segunda oportunidad o mejoraran su calidad de vida en sobremanera. Esto fue posible, gracias a que la maquinaria de la Organización Nacional de Trasplante funciona a la perfección y España está situada a la cabeza en cuanto a solidaridad y respuesta por parte de todas las personas implicadas en el magnífico e increíble reto de salvar vidas.
Hace quince años, yo estaba en uno de los momentos más transcendentales de mi vida, a punto de dar a luz a mi primer hijo. Una enfermera se dio cuenta de que a mi bebé le había bajado repentinamente el ritmo de latido fetal, con gran urgencia me realizaron una cesárea y extrajeron a mi niño. Gracias a esa enfermera toda mi vida cambió. Hace diecisiete años, una persona muy cercana tuvo que ser sometido a una grave operación de corazón, durante cinco horas estuvimos con el alma en vilo, la salida de aquel doctor del quirófano, agotado pero feliz, nos dio a entender que todo había salido bien. Hace más de treinta años, la rápida actuación de sanitarios de urgencia ofreció una nueva oportunidad a una de las personas que más quiero en este mundo. Y así, podría continuar.
Contamos con un sistema sanitario que funciona. Todos tenemos fantásticas historias de salvamento urgente, todos sabemos cómo prestaban sus servicios y cómo en la actualidad hacen lo que pueden por atendernos cuando no hacen más que recortarles horarios y salarios, cuando les exprimen en guardias interminables, cuando les exigen y no les dan. De todo hay, como en todos los campos profesionales, por supuesto. Reconocer los defectos es el primer paso para ponerles remedio.
Creo en la Sanidad pública bien entendida. No creo en los recortes presupuestarios que obligan a desmejorarla, a descuidarla. La Sanidad debería ser la niña mimada del Estado (junto a la Educación, el otro gran caballo de batalla). Por cierto, no creo en ministras que no son capaces de enfrentarse a la realidad y dar la cara. No creo en políticos que se llaman a sí mismos defensores del ciudadano y no cuentan con el valor necesario para hablar de lo bueno y de lo malo. No confío en las cabezas pensantes que deciden sin poner en una balanza el bien común, sopesando lo que es mejor para una conducta cívica y digna de aquellos que representan. No espero que me den respuestas, pero sí que sean capaces de ofrecerme una vía de salida. Deseo con todas mis fuerzas que la situación actual sea una pesadilla y que mi despertador esté a punto de sonar. Apoyo a los sanitarios de nuestro país como baluarte de lo que fuimos y de lo que queremos ser.
Riiinnnggggg!!!!!

sanidad

(Fotografía procedente de generaciónhumana.org )

(Aquí puedes ver la noticia: “24 horas, 45 trasplantes”)

 

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