A GOLPE DE DECISIONES

Desde que tuve el encuentro con la filosofía cartesiana, obligada por el devenir escolar y la imposición de asignaturas, esta ha sido una de mis máximas: “Dudo luego existo”, adaptación personal de la frases que llevo a Descartes a la fama y gloria en el elenco de la historia filosófica. Detrás de una gran decisión siempre está la duda, al lado de toda elección siempre hay una ponderación de los pros y los contras, listado  diario en mi trayectoria vital,  ya sea mental o sobre papel.

Lejos de la negatividad que envuelve a la duda cotidiana, es para mí un instrumento de paso que me ayuda a tender puentes y establecer rutas alternativas. Dudar no es malo per sé, sino no todo lo contrario. Creo que dar por hecho las situaciones, deseos y pensamientos conlleva un acomodo al que no estoy acostumbrada, un aletargamiento que no se encuentra dentro de mis convicciones.

Naturalmente, la prolongación de la duda en el tiempo puede llegar a ser insoportable. Dudar hasta el infinito es terrible. El “ahora sí, dentro de un instante no” conlleva, además de un terrible dolor de cabeza, la virtud-defecto de volver locos a los que te rodean y sacar de quicio a todo aquel que esté cerca de ti. Lo cual  es un aspecto contrario a la posibilidad de crear, alimentar y mantener relaciones sociales. Dudar sí, pero siempre dentro de unos límites temporales más o menos “razonables”.

Hay personas que te hacen dudar, gente a tu alrededor que hará que cambies de opinión en cuestión de segundos. Rodearte de posibles asesores, escucharles y tomar nota, no está mal. Siempre y cuando reflexiones y seas consciente de que la última palabra es la tuya. Nadie puede decidir por ti.

Otra frase de película, que suele venir a mi mente cuando tiendo a decidirme, es aquella de que: “cuando hay duda, no hay duda”. La dijo Robert de Niro en “Ronin” ( en mi opinión la peli con las mejores persecuciones de coches de la historia cinematográfica) . Si estuvieras tan convencido de hacer lo que vas hacer, realmente lo harías, no te plantearías ninguna otra posibilidad de elección.

Dudar, en el sentido positivo del término, implica tomar decisiones. Y una vez que las tomas, has de ser consciente de que la decisión que has elegido es la mejor, que no hay vuelta atrás y que, por tanto, ese camino es aquello por lo que darías la vida, ese color que has escogido es el mejor, esa puerta que has abierto es la oportuna. De nada sirve el decir “si hubiera hecho esto o lo otro”. Esto es lo que hay y con estas mimbres tenemos que trabajar. Es un paso que he dado y con ello he de seguir adelante. No sé si será la elección correcta, pero algo tengo por seguro, es lo que yo he escogido, es mi opción.

Hoy volveré a dudar sobre si escribir o no un artículo. Dudaré sobre si levantar el ancla o no, sobre qué camino tomar, sobre cómo incorporarte a mi vida, sobre qué decir si te encuentro. Hoy la duda volverá a mi espiral y, al terminar el día, sabré algo más sobre mi misma y sobre los demás, a golpe de decisiones.Duda

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