La terapia del salto

Imagino que alguna vez lo habrás hecho. Creo que es una de las mejores terapias que existen cuando los aconteceres diarios, la vida cotidiana, aquello que vivimos todos los días y que se repite una y otra vez, la pertinaz y constante rutina golpea con sus nudillos tu cabeza y con ello tu mente. No es un golpe fuerte, ni tampoco instantáneo, es un martilleo repetitivo que aparentemente no es nada pero está ahí. También es una terapia genial para uno de esos días en los que cada uno de los momentos supera al anterior en cuestión de saturación y dificultad, no es que te ahogues en un vaso de agua pero todo te tiene al límite. E incluso, es una magnífica terapia, cuando la charla con tu mejor amigo, amiga, compañero o compañera, ya no sirve y necesitas algo más, no sabes el qué, pero…, precisas un litro más de expansión y escape. Es muy utilizable, en esas situaciones en las que te encuentras fuera de sitio y no sabes muy bien por qué. Se llama terapia del salto.

Uma Thurman practica esta terapia magníficamente en la, fallida en taquilla pero acertada en cuanto ideas, comedia americana “Motherhood”, que en nuestro país no sé por qué “extraña” razón tuvo como traducción “Una mamá en apuros” (¿La maternidad es lo mismo que estar en apuros?… Ahora que lo pienso tal vez sí). Hay un instante de la película donde la protagonista pone una canción de los 80 (“Stop it” de Pylon) y empieza a dar saltos. Para ella es un instante de liberación y desahogo. De toda la peli, es la escena que más recuerdo. Algunas veces necesitamos inventarnos una situación como esta. Cerrar la puerta. Poner la música bien alta, una canción de esas que tengan ritmo, que te hagan vibrar, de antes o de ahora, (yo pondría Shiny Happy de REM por ejemplo, o Candy de Iggy Pop entre otras muchas), y empezar a saltar y danzar sin orden ni concierto, sólo por el hecho de brincar. Se para el tiempo. La mente no piensa en nada. Y lo máximo que puedes obtener es una bronca del vecino de abajo si vives en un piso pero… ¿quién dijo miedo?

Terapia del salto… recuerda. Besos y sonrisas.

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