El libro de Abel

(Prólogo de “En Extraplomo” de Abel Atalanta)

EL LIBRO DE ABEL

El libro de Abel llegó a mis manos por casualidad, oportunidad y suerte. Fue algo casual porque nadie sabe ni cómo ni por qué nuestros caminos se cruzaron mucho antes de compartir palabras en inglés. Fue oportuno porque sus historias me hicieron reflexionar y encontrar la hebra, cuando estaba envuelta en la maraña de los días, las realidades y las costumbres. Fue una suerte, de las buenas, porque sólo se puede calificar como tal aquello que te hace sentir de veras lo sencillo, hermoso y vibrante de cuánto gira a tu alrededor. De modo, que doy gracias a Abel por sus relatos y al azar por hacérmelo llegar a la puerta de mi casa, como un regalo inesperado, un presente de vida.

Las palabras de Abel son puras porque brotan del alma. Son únicas porque sólo ha podido imaginarlas y crearlas él. Son auténticas porque proceden de un campo de cultivo que va  más allá de la inspiración y el juego certero, se detienen en el río de la vida, y fluyen por las riberas de la cultura y la imaginación hasta llegar a un mar de aguas tranquilas con el azul más especial y extraordinario de los posibles. Es lo que siento al leerle.

Abel siempre está aprendiendo. Y es esa curiosidad lo que alimenta su pluma. Su verbo es la pregunta eterna. Interior y exterior. A los que encuentra en su trayectoria y a su corazón que palpita en busca de lo certero, aún a sabiendas que no existen realidades absolutas y que su mente no dejará de cuestionarse nuevos interrogantes, a medida que los pasos le empujen hacia delante, hacia el horizonte inalcanzable. Abel siempre mira con ojos nuevos en busca del rayo verde, aunque sepa que la posibilidad de visionarlo sea remota y lejana.

Las historias de Abel transportan al lector a lugares, a hechos históricos, a reflexiones sobre temas actuales que muchas veces eludimos, nos ponen en los zapatos de otros, nos pintan el panorama musical, literario,…, personal. Las historias de Abel son un pedazo de su alma, están contadas con estilo propio ofreciendo respuestas a preguntas que nos hacemos todos.

Su palabra evoluciona a medida que crece y se derrama él mismo, extiende las alas literarias y emprende el vuelo, escribe. Y al relatar, abre para el lector la cajita de esencias que no por prohibidas dejan de saborearse, que no por ocultas deben dejar de probarse.

Por todo ello, creo que la lectura de sus historias es útil y necesaria, porque es una suerte que hayan llegado hasta tu puerta, porque es una oportunidad que no se puede dejar pasar, porque lo puro y auténtico hay que tomarlo sí o sí, bocanada de aire precisa para seguir respirando. Gracias Abel.

wciro_articulo_0963_10811(Fotografía de ciudadrodrigo.net)

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