Salto al vacío

Suelo afrontar el paso del tiempo con valentía. Incluso de manera alegre, por todo lo vivido, los días que he pasado con las personas más queridas y los acontecimientos cotidianos que nos hacen persona. Sin embargo, al recibir aquella fotografía, no pude evitar el torrente de lágrimas. En la imagen, aparecíamos tres amigas agarradas por los hombros. Estábamos en el instituto, teníamos diecisiete años, nuestros rostros indicaban despreocupación, ilusión, sonrisa, fiesta..  Éramos felices y sobre todo: libres. Nuestra libertad iba más allá del pensamiento o de la propia acción, teníamos objetivos inmediatos que lograr, metas cercanas a las que llegar, y también toda la vida por delante para cumplir nuestros sueños. Recuerdo aquel año, como uno de los más hermosos de mi vida. Fue el momento del salto al vacío.

¿Conocéis esa sensación de salto al vacío? Tengo la teoría de que en la vida arrancamos el vuelo en numerosas ocasiones. Nos preparamos para el ascenso, miramos al horizonte, cojemos impulso y, con suerte, volamos más allá de las nubes. Luego están los aterrizajes que pueden ser más o menos agradables, depende si la caída es en picado o se trata de un vuelo programado. Volamos, por tanto, no una sino varias veces. Sin embargo,  sólo en uno de estos vuelos nos tiramos del precipicio con los ojos vendados, con la extraña sensación d que todo va a ir bien, aunque las señales parezcan indicar lo contrario. Coges impulso, saltas por el desfiladero y arrancas a volar, si tienes suerte planeas, si no la caída puede ser mayúscula.

Aquel año del que os hablo, yo planeé, tuve la suerte d encontrar a personas que me ayudaron a estirar las alas, que me enseñaron el ligero movimiento preciso, que me indicaron como disfrutar del paisaje desde allá arriba, que me acompañaron. Que me permitieron disfrutar de mi libertad. Dos de esas personas aparecen en la fotografía que he recibido esta semana. Ellas están junto a mí y su presencia permanece imborrable en lo más hondo de mi alma
Por eso lloré cuando vi aquella imagen. No fue un sentimiento nostálgico, fue la cara vista de la inmensa gratitud. Fue el año de mi salto al vacío y ellas estuvieron conmigo. Simplemente recordé.

(A Maite y a Sonia, compañeras de vuelo sin motor)

volarte(fotografía procedentede escaramujos.blogspot.com )

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