La revolución de la ternura

Sueño con el ascenso a una montaña.Voy acompañada por un familiar y me siento bien porque sé que en la cumbre me esperan otros miembros del clan. Voy confiada y segura. El ascenso es prolongado, la pendiente requiere esfuerzo, pero marcho hacia el objetivo con la tranquilidad que ofrece la confianza. Al momento, veo una nube, un pájaro, una pequeña montaña de piedras, un árbol, una prímula o tal vez escucho el viento, en silencio. Al momento, con el dato más sencillo, la imagen menos esperada, la simple aspiración del elemento imprescindible. Al momento, pienso en ti.

Y no hay razón, ni porqué. Sé que es tan sólo un sueño. Pero te cuelas de perfil como pieza que no encaja en la historia, como argumento extraño en un guión onírico, como trampa forzada que se introduce para hacerme caer. Y todo cambia. Ya no asciendo, ya no tengo la dulce compañía de los míos, ya no veo la cumbre final como un objetivo a alcanzar. Todo varía. Te metiste en mis sueños y ya no duermo por descansar, no cierro los ojos por dejarme llevar. Me revolucionaste.

Eres la revolución. El cambio, tal vez inoportuno, de sentido. El fenomenal sentimiento que olvida la razón. El líquido que se vierte en el interior y presta la locura a aquel que lo traga con ansiedad impertinente. Locura desatada. Verbo que deseo escuchar. Tacto que pretendo. Beso que busco y no encuentro. Ilusión constante por la ocasión perdida. Mirada clavada en mi interior. Tu mirada. Ojos en los que quiero bracear, con libertad, sin consecuencias ni ataduras, nadando únicamente por el hecho de nadar, disfrutando en tu pupila mientras el reloj ya no da las doce, ni las tres, ni las cuatro… preso de la araña, detenido.

Despierto. La sensación de felicidad me abruma. Estoy empapada de dulzura. La realidad, sin embargo, me ofrece un golpe seco y, al primer paso, soy la persona cotidiana. Vuelvo a la zapatilla, al paso inquieto en la oscuridad de un largo pasillo, a la agenda apretada de un día sinfín, a la pertinaz rutina. Y, sin embargo, empiezo distinta. Asciende el sol lentamente mientras sonrío en la penumbra. Estiro mis brazos, arqueo mi espalda, flexiono mis rodillas, volteo la cabeza, saludo al gran astro. Hoy será diferente, porque hoy te llevaré conmigo todo el día. Gran viaje, la revolución de la ternura.

2243449_40_x_40_cm(Obra “Caminando en mis sueños” de Guillermina. Armajeur.com )

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