Anestesia2

En mi isla no se habla de Gamonal. En mi isla se habla de campana y campanera. Se discute y debate con fruición, yo diría que incluso de forma apasionada, sobre el origen y la selección de quien toca una campana. En mi isla no se habla de que cada vez somos menos, y hace poco éramos casi 14.000 y ahora apenas llegamos a los 13.200. El grifo está abierto, la población se va por el sumidero, pero nadie dice nada. En mi isla, casi ni merece comentario que aquí más de 3000 personas sigan buscando trabajo, que el número de atendidos por Cáritas se incrementara en 100 personas durante el último año, que no haya médicos suplentes cuando un doctor de atención primaria ha realizado una guardia nocturna y no puede acudir a su consulta al día siguiente, que un profesor no tenga sustituto hasta quince días después de faltar a clase por enfermedad, que … en definitiva el mundo rural se encuentre abocado a la desaparición más absoluta porque, cada vez, sea más difícil instalarse en pequeñas poblaciones a las que poco a poco las van despojando de servicios a los que, supuestamente, todos los ciudadanos tenemos derecho.
En mi isla se derraman lágrimas y se protesta por estrechamientos de recorridos y ausencia de cortes ficticias. Y no me vayan a malinterpretar, que yo siento el sonido de esa campana como la que más y vibro cada vez que la oigo sonar, pero sufro por el silencio, por el no hablar de lo que también importa.
Los acontecimientos de Gamonal son fruto de una conciencia cívica que no ha surgido como un pequeño milagro en medio del desierto, no. Son el resultado de un proceso, de un trabajo, de un esfuerzo de conciencia cívica que ha ido calando poco a poco entre los vecinos, con diminutos actos de reivindicación de derechos que han llevado a una posible conquista de los mismos. Aplaudo a los responsables de este proceso de años y les animo a seguir trabajando por aquello en lo que creen, una mejora de la calidad de vida de los ciudadanos en contra de egoistas decisiones del poder, que como dice Pedro Guerra “debilita y nada da”.
Tengo una gata que sólo es ella misma cuando está anestesiada, el resto del tiempo se lo pasa en silencio, a solas con su dolor. Tal vez, a los ciudadanos de la isla nos ocurra lo mismo. Y, sin embargo, la ignorancia de la espina clavada no es óbice para su desaparición. Es necesario poner los medios, arrancársela si hace falta y aplicar el remedio oportuno. Lo contrario es la asistencia a una agonía prolongada mientras seguimos pendientes del tañer de la campana. Me niego a seguir anestesiada. Quiero sentir para poder vivir. ¿Me acompañas?

hablar

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One Response to Anestesia2

  1. Álvaro says:

    Qué bonita reflexión, muy inspiradora!

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