El fenómeno Moccia llega a la isla

El paseo por el puente nuevo en la isla me sorprendió con la presencia de un candado. A imitación de los protagonistas de “Tengo ganas de ti” del escritor italiano Federico Moccia, alguien había decidido sellar su amor colocando un candado en el puente. Sonreí al pensar que ni siquiera mi isla se libra de modas que están extendidas por el mundo entero debido a un best-seller.

Por los medios sé que el  fenómeno Moccia ha tenido su reflejo en muchos lugares del mundo. En Roma, en París,… Una farola en el puente Milvio de Italia amenazaba con derrumbarse debido al peso de los miles de candados.  En mi isla, no llegará a esos extremos pero me resulta llamativo que uno de los puentes sobre el río con nombre de mujer ya tenga su propio candado.

A los pocos minutos de verlo, reflexioné sobre el romanticismo que puede suponer el sellar tu amor con un candado sobre un río. Antiguamente, lo habitual era ver los nombres de los enamorados grabados en las cortezas de los árboles.  Imagino que ambas acciones tienen los ingredientes necesarios para convertirse en un símbolo, es algo así como dar forma a lo que sientes por dentro en un acto que sólo tú y yo comprendemos, que realizamos de mutuo acuerdo, en secreto, seguramente con nocturnidad, en memoria del beso único y especial que sellará nuestro amor para siempre.

Es como la canción de Los Mismos, aquella titulada “En el viejo roble”. Decía algo así “pon alrededor del viejo roble aquel, una cinta si tú pensaste en mí …” Es el código secreto de dos personas que se aman. En mi opinión, los actos románticos no deberían pasar de moda. Creo que imprimen pasión a las relaciones. Tampoco deberían perderse en el tiempo, en el sentido de que no sólo han de ser patrimonio de gente joven o de relación  iniciática. Creer en el amor y demostrarlo no debería avergonzarnos. Es como las parejas que con el tiempo dejan de besarse o darse la mano en público, al cabo de unos años se comportan como compañeros de piso que van juntos a todos lados pero no parecen unidos. Si yo te quiero y tú también a mí, ¿por qué voy a ocultarlo?

De modo que ya sea en forma de candado, corazón grabado en la corteza de un árbol o cinta amarilla… sea en la forma que sea el símbolo común de un amor que es y debe ser único me parece una maravillosa idea de dar color a nuestra vida. Y una trayectoria vital de colores siempre es mejor que una en blanco y negro. Pasión, amigo, pasión.

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