La lluvia no me sorpenderá parada

“Desempleada que no parada”, afirmé con resolución a mi amigo Víctor. El no tener trabajo remunerado, de una manera regular a ojos de lo establecido, no implica el que seas parado y esa forma de nominar me parece del todo incorrecta. Conozco desempleados que se levantan a las seis de la mañana y tienen tareas desde que sale el sol por el horizonte hasta que desaparece y se cambia por la luna. En mi caso si examino mi vida cotidiana, la agenda apenas da de sí. En esto, los ingleses, mucho más precisos en cuanto al lenguaje en determinadas ocasiones y sin los recovecos de las lenguas latinas, aciertan de pleno, utilizan la palabra “unemployed” y dan en el blanco, en lo que significa “sin empleo” (también aciertan cuando denominan a la hipoteca, “mortage”, pero eso es harina de otro costal).

No creo que en mi país haya seis millones doscientos mil de personas paradas sino seis millones doscientos mil desempleados. Me saca de quicio el tratamiento que al respecto se ofrece en los medios  de comunicación, llevando la cifra cada uno a su terreno como el que arrima el ascua a su sardina. En “Hoy por hoy” intentaron ponerle cara, con dos ejemplos que supieron a poco y una locutora que utilizaba el “nosotros”, la primera persona, constantemente cuando todo el mundo sabe que al menos en los últimos veinte años siempre ha tenido trabajo y que, de todas, todas, el desempleo no es su situación.

Dos cosas más. Lo escurridizo de las explicaciones gubernamentales a una número sin sentido hunden al desempleado en un mar de nervios, “getting on nervous” que dirían los correctos anglosajones. Las explicaciones en diferido de un representante general que está pero no se ve, que cuando surge lo hace a través de una pantalla, me hacen preguntarme ¿Seguirá existiendo? ¿Continuará vivo alguien a quien no se puede tocar, a quien no se puede dirigir la palabra? Los periodistas pervierten su oficio cuando realizan su trabajo en la sala de prensa, describiendo la imagen de una pantalla, lo que todo el mundo puede ver. Denigrante. Algunos, entre ellos el gran Calamaro, aseguraban que Elvis seguía vivo, eso dicen. Se siente aunque no se ve. Una cuestión de fe.

Pero hay más. El desempleo pone la maquinaria del pensamiento en marcha. Y aunque muchos cream que pensar es peligroso, el desempleo impulsa a la masa crítica en un lugar. La falta de trabajo estimula la imaginación. ¿Objetivo? Sobrevivir. Idea: si tenemos que esperar a que otros luchen por nosotros, francamente lo llevamos claro. ¿Pesimismo? ¡Nunca! Lo dicho, la agenda de tareas no termina nunca. La vida es un regalo que hay que entregar a los que nos rodean. La lluvia… la lluvia no me sorprenderá parada.

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