El enroque

Según los manuales de ajedrez, el enroque es una jugada especial. Es el único movimiento en el que se permite mover dos piezas a la vez: el rey y la torre. Ambas figuras no han dado un solo paso en toda la partida, continúan en su posición inicial. El rey se mueve dos casillas hacia la torre y esta pasa por encima de él y se coloca a su lado, justo en la casilla siguiente. El enroque implica autodefensa. El subordinado lo ofrece todo por salvar la pieza regia. La vigía cambia de orientación para abrir nuevos flancos en la lucha, observar las debilidades del adversario, contrarrestar el ataque y continuar la batalla desde una posición más cómoda. Hay que saber cuando enrocarse, es una jugada que no por habitual es necesaria, que no por usual es corriente, que no por fácil es oportuna. El enroque es un as en la manga que todos tenemos cuando se trata de ajedrez, también cuando el tema es la vida en sí.

A veces opto por el enroque. En mi caso, no es un movimiento tan habitual, pero la vida me ofrece todas las condiciones para que esta posición sea la adecuada para continuar. La torre me determina y un detonante hace que esta pieza de ajedrez sea el eslabón perdido para seguir con la cadena que conduce a los sueños, metas, aspiraciones… ¡pura supervivencia!  Entonces me enroco, me subo al tren de una nueva rutina donde la posición de defensa cambia de repente y me limito a cultivar, a esperar el momento, vigilando el territorio, procurando el conocimiento oportuno, autoalimentando mi interior y dejándome alimentar por todo y por todos los que giran a mi alrededor. Como torre, me doy cuenta de que el valor de mi trayectoria se supedita, subordina, subyace, sub…, en función de una pieza mayor que he de proteger, que no me pertenece pero a la que estoy enlazada sin remedio. El simbolismo de esa pieza varía según el tipo de enroque, puede ser la propia vida, la familia, los amigos, la salud, el amor,… Entonces, como torre, pongo toda la carne en el asador por el rey. Desaparezco del mapa determinado y determinante, cambio mi posición y estoy dispuesta a ser fulminada con tal de proteger mi objetivo.

Todos somos capaces de enrocarnos por algo o por alguien, de darlo todo, siendo conscientes de que podemos perder lo poco o mucho que tenemos. A menudo, no elegimos el enroque, hay una fuerza mayor que juega por nosotros. Sólo nos queda cumplir con nuestra misión de la manera más acorde a las expectativas que generamos. Únicamente, nos queda aprovechar el enroque para convertirnos en un erizo, tal vez elegante, de riqueza interior y mensaje profundo.

Hoy me enroco.

20130217-090942

This entry was posted in ARTÍCULOS and tagged , , , , . Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s