Invisible suerte

Aparece cuando menos lo esperas y te sorprende por su sencilla belleza. Es pequeño, de apariencia frágil y de tono oscuro. Mas, si prestas atención, su largo apéndice rojo impacta casi tanto como su sola presencia. El colirrojo vuela a tu lado casi en silencio, se posa en una rama, surge del muro, escapa de la piedra y se deja ver. A menudo permanece oculto, tú no lo sabes pero está ahí. Es la invisible suerte que ronda tu figura, el rayo de luna de febrero al que cantar, la nota perfecta que completa la melodía de tu vida cotidiana, el borde del todo, el principio de la nada.

Es posible que hoy lo busques y sin embargo no lo hallarás.

El colirrojo se esconde, ni se vislumbra, ni se siente. Te lo advertí, aparece cuando menos lo esperas. Paciencia, llegará. Y cuando lo haga, recordarás ese instante por el resto de tus días.
No lo dudes, ocurrirá.

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