La vida reposa en los estantes

Aún recuerdo aquella conferencia con una mezcla de cariño y tristeza. Tenía dieciocho años, era mi primer curso de carrera y en una Facultad recién inaugurada (éramos la tercera promoción), organizaron un encuentro con el que era el reportero más conocido de la televisión: Arturo Pérez Reverte. Años más tarde, aquel reportero hablaría de aquel encuentro con jóvenes aspirantes a periodistas en su libro “Territorio comanche”, aunque en sus palabras no quedara la reunión en muy buena posición. Recuerdo cómo habló de la profesión, de la locura que representaba para él la entrega total al oficio de contar historias reales, fue entonces cuando cambió realidad por ficción y la cosa le ha ido muchísimo mejor. El auditorio del edifico histórico en el que se encontraba la Facultad estaba a rebosar. Sin embargo, yo me las ingenié para pedirle un autógrafo cuando salía por el impresionante claustro. Lo conseguí y aún lo conservo. Recuerdo que le dije a uno de mis compañeros más preciados que había logrado esté, para mí, genial trofeo. Su respuesta fue despectiva, quitando hierro y valor al asunto. Aquel día llegué a casa llorando, no sabía si de alegría o de pena, y mis compañeras de piso, siempre tan especiales, siempre tan a punto para ofrecerme su amistad y cariño,  me arroparon con sus palabras y besos.  ¡Lo que se sufre con los primeros amores!

Pero volvamos a Pérez Reverte. He recordado este episodio de mi vida porque ayer leí un artículo donde hace un repaso a todos los lugares donde estuvo ejerciendo el oficio de reportero. Este viaje al pasado lo hace a través de los recuerdos que tiene en los libros. Lo podéis leer aquí : Lugares donde leí. Me he dado cuenta de que escondidos en las páginas de los libros yo también guardo recuerdos, más mundanos y corrientes que los del extraordinario autor, pero también significativos en mi vida: una entrada de un concierto, una invitación de boda, una flor,…. Como le ocurre al autor, yo también puedo repasar mi vida a través de los libros que reposan en los estantes. Conozco las circustancias en las que leí cada ejemplar, el momento en que posé mis ojos en sus palabras y lo que significaron aquellas frases para mí, su peso en mi trayectoria vitual. Seguro que a vosotros también os ocurre.

Hoy vuelvo a coincidir con Arturo Pérez Reverte, vuelvo a disfrutar leyéndolo ya sea en artículos o en novelas. No llego a la cúspide de los enganchados al autor (mi amiga del alma me lleva mucha ventaja), ya que no puedo con su personaje más querido, Alatriste. Sin embargo, tengo su última publicación, “El tango de la guardia vieja” esperando a que me sumerja entre sus páginas, donde a buen seguro guardaré el feliz recuerdo de un viaje, un encuentro, la brisa del campo o el sabor de un buen desayuno. Somos lo que leemos. ¿O tal vez al contario?

perez-reverte

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3 Responses to La vida reposa en los estantes

  1. pilar says:

    Un buen amigo me ha dicho: ¿para que quieres un e-book?
    Cambiamos la comodidad por la autenticidad…
    Amo los libros. Libros regalo a la gente que quiero y libros me regalan ellos. Los cuido, releo los que me gustan y guardo entre sus páginas fragmentos y recuerdos de los momentos que he vivido….
    Gracias por este post tan bonito¡¡¡¡

  2. Fer says:

    Mientras te leía, he recordado a una antigua amiga que, también cautivada, fue a ver a Pérez Reverte en esa ocasión, e igualmente volvió llorando. Ella tuvo claro el por qué: le pareció muy bajito; las letras se cayeron del pedestal.

    A mi personalmente, me gusta mucho más otro Reverte, Javier Martínez Reverte, menos apuesto y mucho más sencillo, que no más simple.

    En cuanto a lugares donde leí, sin duda me viene a la cabeza el camping municipal de Tende, en Alpes-Marítimos, junto Valle de las Maravillas, donde vi las luciérnagas más brillantes que he visto nunca. De allí guardo muchos recuerdos, sin duda el más importante mi hija Olga. El libro era “Sauce muerto, mujer dormida”, una recopilación de cuentos de Haruki Murakami; espero que algún día Olga pueda leerlo, y encontrarse en una página con el dibujillo de “Le Sorcier”, el petroglifo que no pudimos ver.

    Gracias a nuestra querida Pi, por incitarme a leerte de vez en cuando.🙂

  3. Rox says:

    yo también recuerdo aquella charla de Reverte, lo que contó de la profesión, y recuerdo cómo salíamos todos aquellos ‘proyectos de periodistas’ después de escucharle. Imaginando… anhelando experimentar en alguna ocasión aventuras como las que él relataba con tanta vehemencia…
    … Y me fui alejando de Reverte en la misma proporción en la que crecía su capitán Alatriste (me pasa un poco como a ti), pero también, como tú, tengo su nuevo libro esperando a ser leído, esperando poder conquistarme como lo hizo con su “Asunto de honor”, en el 95, os lo recomiendo.
    … y con tu post me ha venido el recuerdo de aquel año, de aquellas páginas… casi podría rememorar cómo olía el verano en que lo leí….
    Gracias, amiga. Y gracias Pilar, por tu amor incondicional a la letra impresa, al que me uno.

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