Todavía tiene pulso

“¿Por qué ocurre esto?”, pregunta un personaje inocentemente a otro en una serie de moda ambientada en el golpe de estado. “Porque este país no tiene remedio”, responde el personaje por boca de la actriz. Y tiene razón, aunque es una serie de ficción ubicada en hechos claves de la historia reciente de este país, aunque hayan pasado 32 años desde aquel difícil momento. Tiene razón. Lo que pasa es que no tenemos remedio. Y un tsunami de desesperación lo arrasa todo cada vez que ponemos la radio o la televisión en los últimos días, los casos de corrupción crecen como setas fuera de temporada y rozan el límite del ridículo y la desvergüenza. Algunos estaban hambrientos y arrasaron con la cosecha en cuanto pudieron disponer de ella, otros lo tenían todo y la ambición se coló en su interior como ácido que inunda y corroe a partes iguales.

A medida que escucho y reflexiono sobre todo lo que ocurre en la realidad, me doy cuenta de que la situación se agrava cada vez más y se van cumpliendo las características que estudiaba en Historia Contemporánea hace ya unos cuantos añitos. No las he olvidado, eran los ingredientes básicos del caldo de cultivo  para una posible revuelta y posterior enfrentamiento armado: brecha poblacional entre clases, progresiva desaparición de la clase media, insatisfacción del sector burocrático, pérdida de confianza en los que ostentan el poder, economía de supervivencia para la mayoría, auge de los nacionalismos y etnocentrimos,  debilitación de las instituciones de gobierno… Una por una se van cumpliendo estas características en el país en el que se sitúa mi isla. Y parece increíble encontrar a una sola persona que confíe en la clase política o que crea que los políticos tienen la solución. Ninguno se salva.

Ante este panorama, como decía un profesor hace unos días por la radio, resulta muy difícil enseñar a los más jóvenes que el sistema democrático es el mejor camino para gobernar un país, y que ha sido así desde la época del nacimiento de esta forma de gobierno, allá por los griegos. Y sin embargo, si hay posibles formas de explicación y un hueco para la luz y el optimismo.

Hay otros lugares del planeta donde el sistema funciona y donde aquel que no ejerce su poder de manera correcta dimite por vergüenza a la primera de turno. Si no estuviésemos en un sistema democrático, no existirían medios de comunicación capaces de destapar los cientos de casos de corrupción sembrados a lo largo y ancho del territorio, nunca saldrían a la luz. No nos enteraríamos. Si la democracia no tuviera lugar, el miedo sea apoderaría de las calles y no seríamos capaces de salir abiertamente a manifestarnos, apoyando movimientos pacíficos que pretenden cambiar la situación a golpe de palabra y de diálogo. No habría recogida de firmas para cambiar leyes que dejan a los más débiles en la calle y sin vivienda. No existiría un tribunal superior que haría retroceder disposiciones sin sentido sobre pagos de tasas o sobre cierre de ambulatorios. No habría un atisbo de justicia. Por eso hay que creer.

Hay que creer que todo esto tiene una solución pacífica. Que podemos empezar de cero, resetear la democracia como apuntan los analistas políticos. Hay que recordar a los que lucharon por conseguir lo que tenemos. Despojar al presente de la negra capa que cubre lo que nos rodea y encontrar la luna como faro que ilumina nuestro futuro. Y esto, sólo lo podemos hacer nosotros. Hay que llevar la contraria al tópico y pensar que, definitivamente, este país sí tiene remedio. Sino estaríamos perdidos. Me asusta el pensar en otra alternativa que no sea la de la lucha pacífica, diaria, constante … Entre todos lo conseguiremos, conozco a mucha gente que así lo cree. Aplaudo la aparición de medios de comunicación a diario capaces de decir lo que piensan, periodistas que cumplen con su trabajo y buscan hasta debajo de las piedras, voluntarios que acuden a las asociaciones y organizaciones humanitarias y apoyan con su esfuerzo la causa solidaria que necesita de nosotros y está más cerca de lo que imaginamos.

Sí tenemos remedio. Sí podemos luchar. Sí tenemos futuro. ¿Cómo podríamos levantarnos cada día si no lo creyéramos? Pues eso. ¡A por todas!

Signo-de-interrogacion

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