El viaje del Beagle

Un hombre que se dedica a malgastar una hora de su tiempo aún no ha descubierto el valor de la vida” (Darwin)

27 de Diciembre de 1831, el bergantín de la Marina Británica conocido como HMS Beagle zarpa de Plymouth (Inglaterra) al mando del Robert Fitzroy. Entre sus pasajeros figuraba todo un revolucionario Robert Darwin, quien ocho años más tarde se encargaría de publicar un diario sobre lo sucedido en su  largo periplo marino. Este cuaderno de bitácora incluiría no sólo una memoria de lo acontecido a bordo sino también descubrimientos científicos referidos al ámbito de la Biología, Antropología y Geología, la documentación básica de su gran obra y fundamentación: la teoría de la evolución.

Probablemente él no lo sabía. Tal vez embarcó en el Beagle sin más pretensión que la de abrir sus ojos a nuevos mundos, a nuevas rutas, los descubrimientos le llegaron por la acción. Explorando se encontró de frente con aquello que no había buscado, aunque tal vez sí sospechado. Está claro que encerrado en un laboratorio, adaptado a la comodidad de una vida universitaria, haciendo oídos sordos a la intensidad de la llamada a la aventura, aquel hombre visionario no habría pasado a la historia, ni habría planteado un auténtico cambio en la forma de ver el mundo de millones de personas. Está claro que la quietud es contraria a la inquietud, aunque suene a una perogrullada, y es necesario el movimiento para el trasladado, la acción para la consecuencia, el dedo levantado para la contestación a una pregunta, la curiosidad para el avance, el abrir bien los ojos para poder vislumbrar la luz, la constancia para derrumbar el muro, el vencer el miedo para descubrir que hay más allá de la oscuridad.

Cuando escribo me siento, muchas veces, como probablemente se sentirían los ocupantes del Beagle. No sé a donde voy, pero sé que debo hacerlo. La necesidad de escribir llega a su punto culmen cuando te sientes escuchado, un privilegio que a veces se confirma cuando alguien responde a tus escritos, mensajes en botella que son lanzados al mar virtual sin esperar contestación. Como digo ser escuchado es todo un privilegio. En menos de 24 horas, un mago de la imagen y un hada de la aguja me contaron que en muchas ocasiones comienzan su día con mis palabras. Me siento plenamente agradecida y abrumada, porque os aseguro que son verdaderos artistas en sus oficios, partiendo de la nada son capaces de crear grandes maravillas, tienen secretos que nadie conoce y virtudes invisibles que les hacen ofrecernos grandes bellezas a través de sus creaciones fotográficas y de costura. Por eso les vuelvo a dar las gracias, como también os las doy a todos los que leéis lo que escribo.

Gracias porque estáis compartiendo conmigo un viaje del Beagle, donde exploro formas, palabras y colores, donde aprendo cada día y acumulo saberes con los que tal vez algún día realizaré mi propia teoría revolucionaria. Gracias por escucharme, una vez más. Todo un privilegio, todo un honor.

beagle

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2 Responses to El viaje del Beagle

  1. Rox says:

    Qué haríamos sin ti, amiga… qué habría sido de mi en los últimos tiempos sin tu energía, sin tu ánimo… tu búsqueda ha guiado mi camino, tu lucha ha fortalecido mi espíritu, tu fuerza ha dado vida a mi alma… GRACIAS.

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