Pájaros de otoño

La casualidad quiso que, en este año tan especial y diferente, la gaviota fuera el pájaro de mi otoño. Su imagen sobrevolando la gran vía viguesa permanecerá en mi mente por mucho tiempo. No es lo habitual, siempre que pienso en pájaros surge en mí la presencia de la lavandera en invierno, el jilguero en la primavera, los aviones del verano y la alondra de septiembre. Pero en diciembre, nunca pienso en gaviotas. Este año sí y fue oportuna, porque una gaviota siempre indica la cercanía del mar y la asistencia al espectáculo del agua inmensa y eterna  es para mí un aliciente más, una fuente de energía necesaria y nada prescindible.
Es por esto que los pájaros siempre han tenido un significado simbólico, más bien diría sintomático, en mi trayectoria vital. De pequeña, admiraba a mis primos mayores porque reconocían las rapaces por su vuelo y sabían diferenciar entre los numerosos tipos de paseriformes que se encaraman en los árboles. Yo no era capaz, aún me siento neófita en estos temas pero voy aprendiendo. Siempre me ha gustado observarlos, recientemente he visto una película muy recomendada para pajareros, raza muy extendida y no en peligro de extinción, y aficionados a la ornitología en general, se titula  “El gran año”. En Norteamérica, existe una competición que se denomina así y consiste en avistar el mayor número de especies diferentes de pájaros en un año. La historia se plantea como un reto para los protagonistas, interpretados por Jack Black, Steve Martin y Owen Wilson. Un reto y una competición en la que terminan prevaleciendo valores como la amistad, la necesidad de autoestima, de metas personales, de confianza en uno mismo, la familia,… Es interesante y muy entretenida. Sin embargo, a mí me planteó algo más. Dado que estamos a punto de finalizar el año, ¿qué determina que los próximos 365 días sean diferentes? Un suceso, la determinación de que todo puede mejorar, las decisiones que tomemos, … ¿Cómo seremos capaces de afrontar “el gran año”?
Vuelvo a los pájaros y dejo a un lado las preguntas existenciales muy apropiadas para la época y momento que vivimos. Me limito a ver cómo conocen cada paso que tienen que dar en cada momento. No dudan. No deciden. Se mueven por instinto. Al ponerse el sol, se reúnen en el río que atraviesa la isla. Decenas de seres blancos y alados se dan cita dispuestos a dormitar, acurrucados, unidos, dispuestos a afrontar la noche. Observo su quietud y admiro su belleza. Disfruto del momento, lo vivo con intensidad, y tal vez, pero sólo tal vez, eso es lo único que cuenta.

elgranaño

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