Mi biblioteca

Hace una semana recibí un correo electrónico muy especial. No lo enviaba una persona en concreto, lo remitía un ente, un edificio, un lugar. Recibí un correo de mi biblioteca. ¡Cómo lo oyes! Con gran sorpresa lo abrí y leí lo siguiente:

Estimada Rebeca, (¡me conoce! ¡Claro llevo tanto tiempo con ella!)
Le comunico que a partir del 22 de Diciembre, esta biblioteca permanecerá cerrada al público.
La biblioteca volverá a abrirse el día 7 de Enero.
Disculpándonos por las molestias que el cierre de la biblioteca pudiera causarle, se despide atentamente,
La biblioteca

Al leer aquel correo, pasé de la sorpresa a la indignación en cuestión de segundos. En el inicio me pareció inaudito que un ente se dirigiera a mí, alguien sin nombre, sin apellidos, … pero claro luego pensé que llevo tanto tiempo a su lado, la conozco tanto,  que es normal que sea Ella quien firme sus misivas. Al finalizar, sin embargo, me sentí decepcionada, mi Biblioteca me anunciaba que iba a cerrar en el periodo vacacional navideño, justo cuando somos muchos los que la necesitamos.

Comencé a pensar en el momento en qué esa biblioteca, la de la isla, comenzó a ser mía. Lo recordé, ¡fue en vacaciones! Yo no vivía todavía en la isla, debió ser cuando yo contaba con once o doce años. Recuerdo que, por entonces, había una bibliotecaria con malas pulgas a la que todos los niños teníamos cierto miedo, por aquello de que echaba broncas y ponía una cara seria que impactaba y llenaba de temor ¡vamos, que animaba a leer y a acudir al gran templo de los libros, seguro!

Con los años, y una vez establecida en la isla, dado que la Red de redes no se había impuesto y las enciclopedias eran una gran fuente de información, la biblioteca fue el lugar de mis trabajos escolares y universitarios. La frecuenté también cuando comencé a trabajar porque su pequeña colección de libros sobre la isla fue origen y base de algunos de mis artículos periodísticos e intervenciones radiofónicas, así como la extraordinaria hemeroteca que sigo consultando de vez en cuando y que es para mí una joya increíble difícil de sustituir.
Cuando empecé a tener niños, uno de mis primeros cometidos fue que tuvieran la biblioteca como lugar frecuentado y son socios desde que apenas tenían uno o dos años. Porque considero que tener una biblioteca, miles de libros a tu disposición es un regalo, un privilegio que es necesario disfrutar, todo un placer que es importante valorar. Por eso acudimos siempre que podemos, buscamos libros, nos paramos a leer en su interior, recientemente reformado con acierto, y nos sumergimos en esa gran ventana al mundo, real e imaginario, que suponen las palabras escondidas en los libros.

La biblioteca es un servicio gratuito y necesario que debería ser enriquecido y desarrollado por las administraciones. Un servicio que debería tener contabilizadas y presupuestadas las vacaciones del personal, los imprevistos, los gastos de gestión y mantenimiento y de adquisición de nuevo material. Creo que debería ser complementado con una descentralización y ampliación de este servicio en un lugar tan extendido como la isla, con centros móviles que posibiliten el acercamiento del gran templo de los libros a todos los ciudadanos, sean de la edad que sean. Apuesto por la incorporación de planes de dinamización a la lectura no sólo para niños, por la organización de club de lectura para diferentes edades y por un horario de apertura acorde con la vida cotidiana de aquellos que la utilizan. En resumen, creo en la necesidad y obligatoriedad de una biblioteca viva que permita cumplir su cometido sin obstáculos económicos, ni por supuesto recortes.

No puedo entender mi vida sin las palabras. Mi biblioteca es un elemento imprescindible en mi práctica de este gran arte que consiste en leer, escribir, viajar a través del gran don que es la lectura.

La próxima vez que me escribas, biblioteca, espero que sean mejores noticias, gracias por avisar de todos modos. Recibe un cordial saludo de tu socia número… ¡vaya si ahora  mi carné ni siquiera tiene número soy sólo un código de barras! … Lo dicho, saludos.

para-web

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3 Responses to Mi biblioteca

  1. Rox says:

    Qué grandes verdades dejas escritas en tu post. Mi biblioteca también me dio una desagradable sorpresa este verano: Ni siquiera fue una carta, no. La mía se limitó a poner un cartel en la puerta en el que decía que durante los meses de verano abriría en horario de mañana. ¡De mañana! ¿Y las tardes? ¿por las tardes no se lee? ¿Y qué pasa con los que trabajamos? ¿Y los hijos de los que trabajamos? … tres meses sin poder visitarla… tendría que cuidarse más, como tú bien dices, el mejor hábito que podemos dejarles a nuestros hijos: La lectura.
    Rox

  2. Robnas says:

    Yo también he recibido el famoso correo, aunque unos días después recibí otro en el que me comunicaban que era falso el anterior. Todavía estoy estupefacto… y no sé cuál es al que tengo que hacer caso.

  3. Pandora Noviembre says:

    Al parecer, todo ha sido una falsa alarma. El correo electrónico que recibí fue una equivocación realizada desde la gran capital. Aún así, sigo pensando que opciones de desarrollo para las bibliotecas, como la descentralización o la ampliación del horario de apertura, son necesarias para sembrar y cultivar lectores de todas las edades.

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