Susurro interior

Susurrando, acercó lentamente su boca a  mi oreja. Acompañada de un cosquilleo, envió su pregunta al interior de mi cuerpo, tal vez, directa a su alma. “¿Qué haces para mantener la calma en medio de un mar de dudas?”, dijo. Mente y corazón buscaron  una respuesta inmediata, mas no la encontraron. Demasiados golpes, tumbos, retos, ilusiones, metas, despedidas, comienzos, … Todo ello martilleaba mi ser esculpiendo cada día una mujer nueva. “La experiencia”, contesté.  Y mi voz se perdió en el océano del tiempo, sumergida por la atmósfera dubitativa. En el fondo, todo fue un susurro.

Mi madre me mira con un destello húmedo y, de repente, me dice: “Cuando seas mayor, busca un trabajo donde no te mojes.”

Pensé que el de escritor podía ser uno de esos trabajos. Por supuesto, me equivoqué. El destino de mi linaje es mojarse.

Digo escritor y no periodista a sabiendas. Para mí siempre fue el mismo oficio. El periodista es un escritor. Trabaja con palabras. Busca comunicar una historia y lo hace con una voluntad de estilo. (…)
De mi primera experiencia “periodística” salí ya muy mojado.”
(Manuel Rivas. “La educación sentimental de un periodista”).

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