ALAUDA

El verano de 1816 fue determinante en la vida de Percy. A orillas de un lago, su infiel esposa Mary reflejaría todos sus miedos e inquietudes en la creación de un monstruo que viviría eternamente en la mente y el corazón de generaciones venideras. Los días intensos vividos junto al genial poeta romántico serían la causa de vibrar de cuerdas y del efecto músical interior, sucesión de notas que más tarde Percy reflejaría en geniales creaciones. “Remando al viento” el triángulo personal realizaría un viaje interior que quedaría retratado más de un siglo más tarde en material celuloide de la mano de Gonzalo Suárez. Y sin embargo no es tiempo de hablar ni de Byron ni de Frankestein. Es el momento de sumergirse en las profundidades de la poesía de Percy Bysshe Shelley, pues no hay duda que la alondra es el pájaro que cohabita conmigo, cuando menos lo espero, con su singular capucha, con su paso rápido y decidido, con su diferencia y, al tiempo, con su esplendor. Alauda.

¡Sé bienvenido, jubiloso espíritu!
No fuiste nunca un pájaro,
tú, que desde los cielos o cerca de sus lindes,
el corazón derramas
en profusos acentos, con arte no pensado.

Alta, siempre más alta,
de la tierra te lanzas
como nube de fuego;
por el azul revuelas
y cantando, te ciernes y, cerniéndote, cantas.

(…)
¿Qué objetos son la fuente
de tu feliz gorjeo?
¿Qué campos, ondas, montes?
¿Qué cielos o llanuras?
¿Qué amor de semejantes y qué ignorar de penas?

En tu alegría clara
no caben languideces;
la sombra de la angustia
nunca a ti se ha acercado;
amas y el triste hastío de amor nunca supiste.

En vigilia o dormida,
pensarás de la muerte
cosas más ciertas y hondas
que nosotros, mortales:
si no, ¿cómo brotara tu arroyo cristalino?

Miramos antes, luego;
lo que no es lloramos:
nuestra risa más clara
se mezcla con suspiros;
da los más dulces cantos nuestro pesar más triste.

Mas si hiciéramos burla
de orgullo y odio y miedo;
si hubiésemos nacido
para no llorar nunca,
no sé si llegaríamos tan cerca de tu gozo.

Mejor que todo verso
de sones deliciosos,
mejor que las preseas
de los libros, tu arte
será para el poeta, ¡tú, que al suelo escarneces!

Si un poco me dijeras
del gozo que tú sabes,
tal locura armoniosa
brotara de mis labios,
que, como yo te escucho, el mundo escucharía.

(“A una alondra”, P.B. Shelley)

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One Response to ALAUDA

  1. Pilar says:

    Que bonita poesía y que hermosa película¡¡¡

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