Sobre levantapolvos, best-sellers y otras hierbas

Cuaderno de palabras: el Rubicón.

Jamás pensé que las palabras de una política levantapolvos recientemente dimitida me llevaran a escribir sobre una best seller de moda. Los levantapolvos son una rara avis, gente que no suele dejar indiferente a nadie, especie, tal vez en peligro de extinción, que con sólo un gesto o una palabra es capaz de crear una niebla densa en el camino, su presencia no permite vislumbrar ni el origen del recorrrido ni por supuesto el final, son objeto de conversación de tabernas de bajo y alto standing, su existencia roza la originalidad o la ridiculez según se mire. En estas andaba cuando escuché del tremendo personaje la palabra mágica: rubicón.

Hacía tiempo que este término echaba raíces en mi mente. Me confieso recién enganchada a las historias de la Morton, australiana de moda que es capaz de contar narraciones hechizantes y de crear personajes que durante el tiempo que dura la lectura  se cuelan en tu vida, de esos que ves por todas partes, sin querer. De modo que en cuanto empiezas un libro de Kate te introduces en un mundo distinto y viajas en el tiempo y el espacio. Conclusión, no puedes dejar de leerlo y te acompaña a la cocina, al baño, a la calle e incluso a tu lugar de trabajo, si lo tienes. Kate Morton en su libro “La casa de Riverton” habla del “Viaje a través del Rubicón”, una pequeña pieza literaria que los protagonistas utilizan en un juego secreto.

El Rubicón es un río de Italia que en época romana, antes de nuestra era,  separaba la Galia Cisalpina de los dominios de Roma. Cuando Julio César se decide a pasarlo con sus tropas, sabe que la suerte está echada y que va a comenzar una guerra, ha atravesado la frontera marcada por la legalidad. Cruzar el Rubicón es, por tanto, atravesar un cruce, iniciar un camino donde no hay retorno,  tomar una decisión importante que obliga a aceptar las consecuencias por muy peligrosas y arriesgadas que parezcan.

A lo largo de nuestra vida a travesamos el Rubicón en numerosas ocasiones. Estoy segura de que tú en estos momentos estás pensando en alguna de ellas. Umbrales que cruzamos y que no tienen vuelta atrás. Para ello no hace falta ser un levantapolvos, ni una escritora de moda, todas las personas encontramos pequeños ríos que resultan enormes en nuestro devenir diario. Nadar y guardar la ropa puede resultar tarea irrealizable. Tal vez, desnudos y sin más armas que nuestros brazos y voluntad la lucha por un destino mejor será posible. Sólo hay que tener el valor para intentarlo. ¿Te atreves?

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