SE BUSCA ANIMAL RADIANTE

En el principio fue la radio. Acunada por las ondas, crecí. No hubo silencio. Siempre estuvo ahí. Con su ronroneo, con su crujido inconfundible, la señal perceptible, el sonido presente.
Con el paso del tiempo aprendí a escuchar.

Me hice selectiva. Buscaba en media o modulada y siempre encontraba el número seguido de punto exacto, matemática perfecta. Lo adecuado en cada momento con sólo girar la noria. El universo del dial se colocaba ante mí como un plan perfecto, viaje al infinito, ser y… tener.

Escuchar radio a mi lado llegaba a ser un suplicio para algunos. Elegía el programa, la música y nunca paraba quieta. Deambulaba, zascandileaba a través del dial. Nunca… hasta que llegaron ellos.

Y decidí pasar las tardes y las mañanas a su lado, durante mucho, mucho tiempo. Sus voces formaban parte de mí, de mi paisaje cotidiano. Afición compartida por miles de personas.

Ahora que ya no están. Seguiré buscando.

Ausencia y, sin embargo, sé que algún día volveré a escuchar “here comes the sun”.

(Dedicado a los equipos de los programas radiofónicos “Asuntos Propios” y “En días como hoy”, desaparecidos del dial por orden y mando de quien acalla).

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