El efecto Joplin

Aterricé con los bolsillos llenos. La lista de cualidades, posibilidades y defectos es grande. Me ofrecieron regalos y me dijeron: “Ahí tienes el camino. ¡Haz lo qué puedas!” Y con un soplo mágico me pusieron en la línea de salida de una vía finita en la que, de momento, no he divisado la meta. Pero olvidaron introducir algo en el kit de primeros auxilios: paciencia. Y, desde entonces, hace ya muchos años, que vengo notando los efectos de lo que supone para mí una tensa y larga espera.

Nunca tuve paciencia para nada. Mi sueño es lo instantáneo, el aquí y ahora. Para mí, resulta difícil ser metódico, armar el mueble sueco, encajar las 1500 piezas de un puzle, seguir paso a paso la receta gastronómica, colocar uno por uno los elementos del juego de lógica de turno. Mi impaciencia me lleva a pensar que todo tiene que ser el momento, como el niño que patalea porque quiere la luna y… ¡la quiere ya! Esto ha resultado ser una dificultad más para dar pasos en el largo camino. Pienso que el que tiene paciencia saborea el instante, disfruta más del correr del tiempo, se entretiene con lo que tiene no con lo que vendrá, vive el momento, carpe diem.

A veces esa intranquilidad por lo que no llega te lleva a dar pasos equivocados, a tratar de acortar el camino, a cometer errores a veces irresolubles. La paciencia es, sin duda, una virtud.
A pesar de todo, y dado que no venía con el kit inicial, he aprendido a ser paciente en algunos aspectos. El cincel de vida me ha ido enseñando a saber esperar, especialmente desde que probé la fruta genial de la maternidad. No te queda otro remedio, o eres paciente o … desfalleces en el camino. Los hijos enseñan a vivir.

Y, sin embargo, aunque he adquirido dosis de paciencia a lo largo de los años, todavía sigo pensando muchas veces que esperar es una auténtica pérdida de tiempo. De ahí que, en ocasiones, tenga que recurrir a lo que llamo el efecto Joplin. Cuando sobrepaso la línea de fuego, entre lo que es y lo que espero, la música vuelve a ser mi aliada, el grito desgarrador de Janis me hace disfrutar, olvidar, sonreír y me permite pensar en otro mundo, más allá de las nubes, por encima del tiempo relativo. La escucho y … milagrosamente el minuto también vuela. Es una alternativa para el que no sabe esperar. Suplo el defecto con una virtud, escucho. Relleno el lapsus. Horror vacui.

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