Fuego

¿Cuándo se convierte en noticia un incendio forestal?
Cuando hay víctimas mortales, cuando la superficie quemada no se puede contar con los dedos de las manos, cuando la administración decide calificarlo como de nivel 1, … ¿cuándo?
¿Cuándo la sensación de pánico e impotencia que genera el fuego es noticiable?
¿En qué momento puede llegar a interesar al resto del mundo el que tu casa esté a punto de ser devorada, literalmente, por el fuego?
¿Cuál es el instante en que un incendio se convierte en “desastre ecológico de dimensiones incalculables”?

Creo que todos los incendios, salgan en las noticias o no, son realmente terribles y nutren el miedo de la población que reside cerca de la naturaleza, pegada a su medio con simbiosis vital, yo te doy tú me das. El hecho de que  un fuego, o varios, alimente titulares no implica que sea más horrible que otro que no pasó de los medios provinciales o locales. La aparición en un periódico no varía las características consustanciales de un hecho, es un incendio, es devastador, es imparable, es cruel hasta el extremo, es.

Como corresponsal de provincias, oficio del que hablaré en un artículo próximamente, me ha tocado acudir a la noticia y contar cómo se desarrolla un incendio. Ni qué decir tiene que el número de hectáreas quemadas y de posibles víctimas es lo más que importante para los que lo viven en la distancia, es lo que interesa en la redacción, desde donde te fríen por teléfono a llamadas sobre cómo va y cuándo crees que tendrás las fotos y el texto.

Mi primer incendio serio fue un sábado de Junio del año 2005. Lo tengo grabado en mi mente y alma porque fue el incendio de las Quilamas, en plena serranía salmantina. Aquella tarde estábamos a punto de cerrar la página e irnos a casa cuando desde ciudad capital nos avisaron de que un rayo había provocado un incendio en la sierra, a una hora en coche desde la isla. ¿Por qué no vais a ver? ¿Por si acaso es grave?, nos dijeron. Hice unas cuantas llamadas y confirmé que el incendio iba para largo, que la noche se echaba encima y, ya se sabe, que la nocturnidad está reñida con la extinción. De modo, que mi compañero de viaje tomó las riendas de la situación y dijo que iría por ver qué ocurría en directo. Aquella noche fue muy larga.

Yo desde la isla y mi compañero de viaje desde la zona quemada. Un incendio devastador y cientos de vecinos colaborando con las fuerzas del orden para mitigar el daño e intentar que el fuego no fuera un invitado más en sus casas. La cosa se puso aún peor cuando se barajó la posibilidad de desalojar a un pueblo entero, las llamas llegaban a las puertas del poblado y era necesario que algunas personas abandonaran sus viviendas. Hombres y mujeres, algunos muy, muy mayores, tuvieron que dejar sus hogares sin tener la certeza de poder volver. Angustioso.

Aquella noche no dormí. Mi compañero de viaje se quedó aislado en la población más afectada. No pudo salir de allí hasta primera hora de la mañana, cuando clareaba el día. Pasó la noche entre bomberos y vecinos asustados. Y yo aquí. Pendiente de una posible tragedia a decenas de kilómetros. Siendo consciente de que había una noticia que contar y ¡nadie lo estaba haciendo! Hoy día con Facebook o Twitter hubiera saltado la liebre enseguida. Pero entonces, hace tan sólo ocho años, la cosa era distinta. Decidí llamar a las emisoras de radio en la capital de las capitales. Empecé por la más cercana a mi trayectoria vital, pero no me respondieron. De modo que llamé a la SER. Allí sí me atendieron. Les di el teléfono de mi compañero de viaje, quien finalmente, entró en directo abriendo el informativo nacional de las cuatro de la mañana del 19 de Junio de 2005. A partir de ahí se disparó la noticia y, antes de las nueve de la mañana, todos los medios de comunicación de ciudad capital tenían un periodista en la zona, yo entre ellos, porque al día siguiente cambiaron los papeles, mi compañero de viaje vino a casa, tras una noche terrible, y yo pasé el día recogiendo testimonios en aquellos lugares.

Fue una experiencia que nunca olvidaré. Pero, sobre todo, fue un momento de tensión brutal por saber que el fuego, una vez más, se había hecho dueño y señor de parajes de belleza indescriptible, cambiando la vida de los habitantes de la zona, tal vez para siempre.

La noticia en prensa

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