Una vida sin elipsis

La vida puede escribirse de dos maneras: con o sin elipsis, párrafos que se suprimen consciente o inconscientemente, momentos que pueden llegar a constituir dos historias paralelas. Por un lado, la que es, la real, la conocida por todos. Por otro lado, la que imaginas, la que deseas, la que piensas, la que se introduce entreverada en tu ser interno, a menudo sin que nadie pueda conocerla. Esta idea, puede tener una connotación trágica, no lo niego. Lo que eres y lo que te gustaría ser, puede llegar a ser frustrante, desalentador y obsesivo. Sin embargo, en mi opinión, las elipsis vitales pueden llegar a ser espacios imaginarios de escape, parapetos de aire que ayudan a mantenerse en mitad del cielo, remansos de agua y paz en medio del desierto, oasis.

Vida real. Viajo en un tren imparable, con estación no definida y destino inconcreto. Tengo la opción de bajarme en marcha, pero prefiero quedarme acurrucada en el lugar que he conseguido a fuerza de empujones, largas esperas y gran cantidad de esfuerzo. No es la mejor ubicación del mundo, pero … es mía, es la consecuencia de mis actos y pensamientos. De modo que continúo sentada disfrutando del paisaje y del trayecto. Aunque a veces sienta el impulso de saltar del tren en marcha, soporto la tentación estoicamente.

Vida imaginaria, sin elipsis. Mientras viajo, imagino que no estoy aquí, embarcada en una ruta elegida pero a veces difícil de soportar. A veces, mi mente imagina otras vidas, otras posibilidades que inicio convencida de que son posibles. En mi mente, una fuerza increíble y nunca percibida con anterioridad me extrae del tren y me sube a una nube. Es entonces cuando visito lugares exóticos, me introduzco en películas y bebo de fuentes de palabras que resultan atractivas y relajantes. Ayer, sin ir más lejos, estuve en una peluquería cinematográfica, escuchando músicas mediterráneas, percibiendo olores nunca antes sentidos, asistiendo impresionada a la sensualidad que despertaba una pareja que se amó hasta el extremo, me imaginé rociando con agua la cabeza de la persona amada, introduciendo los dedos entre sus mechones de pelo, sintiendo el palpitar de cada centímetro de su cuero, aclarando las ideas y mi pensamiento

Imaginar es gratis y la vida es mucho más interesante sin elipsis.

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