Todos somos mineros

Recorrí el valle de la Luna hace ya muchos años, en busca de las ondas radiofónicas de un lugar al borde de la región, camino de la comarca minera de Villablino. Ya por entonces, recorrer la ribera del río Luna me pareció un trayecto hacia el hechizo del que, por supuesto, salí encantada. Hoy vuelvo a sumergirme en su hechizo y, sin tan siquiera, moverme de mi isla, me siento subyugada al sentimiento común que invade no sólo a este valle, sino a todo el Reino. Una sensación de rabia, impotencia e inseguridad ante el presente y el futuro.

Hoy León, Palencia y Teruel son noticia en todo el país. Para que esto ocurra, se ha de cumplir la premisa de revueltas, rebotes y protestas de la población. Manifestaciones constantes de trabajadores y vecinos pidiendo que les dejen vivir de sus propios recursos naturales, de las minas.

En la isla donde vivo, ya hace tiempo, también hubo una mina. Su cierre fue la puntilla para una zona donde nunca hubo de nada, camino de la desertización, con el grifo poblacional abierto, abocado al agotamiento de un pozo que sí tiene fondo. Como el gran Alonso anuncia siempre: “el último que apague la luz”.

En la isla, muchos opinan que la mina es la panacea, la solución a todos los problemas. No estoy segura. Ante la ausencia, sólo queda la reinvención. Ante la imposibilidad de recursos, si no los hubiera, sólo queda el desierto, destino certero en este barco en el que navegamos, a no ser que cambie su rumbo, posibilidad harto improbable. En nuestro caso sólo queda la opción de mantenernos a flote, navegar ¿a la deriva?

En la isla, como en el Reino, todos buscamos nuestra propia mina. Nuestras manos están dispuestas a trabajar. Mis manos están dispuestas. Sólo quiero quedarme, quedarme y vivir.

El hechizo del valle de la Luna me envuelve, admiro su afán de lucha, incansable, su tesón. Hoy todos somos mineros, buscamos la última veta, escurrimos la última gota de agua, sedientos de Justicia y Vida.

(Fotografía publicada en i.leon.com en un artículo titulado: “León se muere sin carbón”).

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