DONDE RESIDE EL AMOR

Hay un libro de Whitney Otto, que se titula “How to make an American Quilt”, que en España tradujeron como “Coser y cantar” y que luego tuvo una versión cinematográfica protagonizada por Winona Ryder, denominada en español “Donde reside el amor”. En esa película, una joven se acerca a la trayectoria vitual de varias mujeres de edad avanzada, abuela incluida, y descubre sus vidas. Mejor dicho descubre el sentido de su propia vida a través de otras vidas. El relato tiene una forma curiosa porque narra retazos de vida que forman un inmenso quilt, una labor artesanal que utiliza la técnica del patchwork, coser retales para formar una escena, un motivo, fragmentos de territorio cotidiano que sirven para expresar y describir toda una historia.

En esta semana he tenido ocasión de asomarme a la vida de cuatro mujeres que nacieron en los primeros 36 años del siglo XX. He podido comprobar como fueron sus vidas para luego darlas a conocer a través de una charla pública, de hecho el primer párrafo de este artículo forma parte de esta conferencia. Para mí esta posición de contadora de historias reales es siempre un privilegio y cuando se trata de personas que realmente merecen la pena mucho más.

Poco a poco a través de sus palabras he ido conformando mi propio quilt, mi propia obra artesanal, como hacía la joven Winona en la película de la que os hablaba.

Afirma Whitney Otto en su libro: “Debes tener presente estas dos cosas: la historia y la familia. A menudo son inseparables. En el siglo XX quizá creas que todo lo ocurrido antes tiene poco que ver contigo, que el día de hoy te hace inmune al pasado. Son sólo historias que nos contamos los unos a los otros. (…)

A todos nos atrae la belleza. Creo que es como un faro, hace que deseemos escuchar. Yo estoy dispuesta a escuchar.”

            Escuchar a los demás es un privilegio, una oportunidad, una ocasión de encontrar la razón de ser de los sentimientos, pues es en el interior de nuestra alma, donde reside el amor. Escuchemos.

(Agradezco públicamente la colaboración de las cuatro mujeres de las que hablaba Fuensanta, Visi, Macu y Luisa. Gracias por darme a conocer retazos de sus vidas, por ayudarme a comprender).

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