ESPERA

Se me da mal esperar. Mi consciencia me dice que hay minutos que son huecos y la idea martillea mi interior. El que espera estira el tiempo sin justicia ni razón, un punto que no equidista lo mismo para el que espera que para el esperado. Vuelvo a empezar en el círculo vicioso de los días extraños donde no hay principio porque el origen queda lejos; donde no hay final  porque desde aquí el término resulta imposible de divisar, ni siquiera de imaginar.

De este modo, espero, en un vaivén de paciencia limitada. Rebaso el borde del vaso y el agua que es mi vida se desborda hasta la orilla de la mesa, cayendo al suelo, inundándolo todo, cadena de imágenes de consecuencias fácilmente predecibles y tristemente repetidas. Espero y mientras lo hago te imagino dando pasos hacía mí, espiral de pensamientos.

Te veo y sonrío. Qué habrás pensado, cómo te habrás decidido, ¿qué dudas habrán atravesado tu alma sin llegar a doler, sin apenas mellar? Descorazonador. Tu imagen es oasis reflejado en el horizonte del desierto deshabitado que a veces visito. Espejismo. Y tu sonrisa desaparece de la misma forma que se hizo presente, de manera instantánea. Tu imagen es agua intengible que veo, percibo, disfruto, pero que… jamás beberé. Desesperante.

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