Lunes

Expulsada al desconcierto. Abandonada en un lugar sin fecha, ni horario, sin dirección. Perdida en el momento. Sintió el frío de la soledad del tiempo inerte.

Al cabo de un instante sin medida, tal vez dos, decidió abrir la caja de cuerpo presente. Con sopresa, comprobó que estaba vacía. Tristemente.

Con ganas de llorar, se refugió en la cara interna de sí misma. Una vez allí, volvió a escuchar las palabras: “quedarse con lo bueno”. De inmediato varió su perspectiva. La brújula cotidiana viró y cambió su rumbo. Si la caja estaba vacía, ¡habría que llenarla! Sonrió. ¡Aquel no iba a ser un lunes cualquiera!

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