RUIDO DE SABLES

A fuerza de tensar el cable, la cuerda empezó a vibrar. Al principio, el vaivén era casi imperceptible. Al poco tiempo, el balanceo se intensificó, hasta tal punto que la equilibrista temió por su vida. Sin embargo,  hacía mucho tiempo que había perdido el miedo a caer. A pesar de todo, ciertos desequilibrios volteaban su corazón. Mientras, de fondo, podía escuchar ruido de sables que pretendían destruir el magnífico escenario.

Alterada por la situación, en su interior se oían las eternas preguntas: ¿dónde quedó la vocación? ¿Qué provocó el vaivén? ¿Cuándo terminará el desequilibrio?

A prueba de confianza, su corazón elástico finalmente se detuvo. El mar en calma es posible, sólo con desviar la mirada.

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